El reciente anuncio, por parte de Ian Fleming Publications, sobre reeditar las novelas de James Bond “corrigiendo” los textos para evitar ofender a posibles lectores sensibles afecta a títulos como Viva y deje morir (1954), Goldfinger (1959) y Operación Trueno (1961); la colección literaria del agente 007 jamás fue escrita para público infantil, sin embargo, hoy la subcultura de lo políticamente correcto para haber escalado niveles dictatoriales dignos de un niñato maleducado y consentido.
Así, una de las mejores secuencias en Tár (Todd Field, 2022) es un solo plano secuencia —de diez minutos, impecables— donde Lydia Tár, primera mujer en dirigir la Filarmónica de Berlín (Cate Blanchett), durante un seminario en el prestigioso conservatorio Juliard, comienza a discutir sobre Bach con un alumno que afirma que como persona pangénero y Bipoc (black, indigenous and people of color), no puede sentir respeto por dicho compositor.
“No tengas tanta prisa por sentirte ofendido”, le replica la maestra, para continuar con una ácida crítica al absurdo de las políticas de género y de cancelación: “el arquitecto de tu espíritu son las redes sociales”, concluye Lydia Tár justo antes que el joven, “injuriado”, abandone el salón.
Woody Allen, Roman Polanski, Roald Dahl y Johnny Depp han sido el blanco de la subcultura de la cancelación. En algunos casos la situación casi termina con la carrera de los señalados. Y de eso va Tár: ¿ya no somos capaces de separar al artista de su obra?
Tár decide no responder de manera directa a esas y otras incómodas preguntas. Es posible deducir que Lydia Tár es capaz de usar su influencia y poder para seducir atractivas intérpretes, aunque no lo muestra del todo; por eso cuando se asoma un fantasma del pasado, presente y futuro de la exitosa directora son amenazadas y todo parece desmoronarse en forma viral.
Tár entonces, recrea situaciones tal vez oníricas o sobrenaturales, pues parecería que surgen siluetas y se esfuman objetos en escenas que subrayar la culpa y el remordimiento ante hechos que no es posible cambiar. Los espectros son los recuerdos del porvenir y estos aparentan ser ominosos e inexorables.
Este filme tiene un inicio soberbio: la entrevista que a Lydia Tár le hace Adam Kopick, del New Yorker. Se trata de los primeros treinta minutos de la cinta que nos muestra una cara de Lydia Tár, majestuosa, empoderada, arrogante, divina; en dicha parte ella —que es tratada como un él, con toda naturalidad— expresa su satisfacción por encarar la ejecución en vivo de la Sinfonía 5, de Gustav Mahler, cuyo famoso Adagio se convierte en el símbolo de su caída.
Tal y como lo presentó Muerte en Venecia (Luchino Visconti, 1971) para describir la decadencia de su protagonista a causa de su amor fallido por un efebo adolescente. Mahler ya lo había hecho y lo hace de nuevo.
Son dos horas y cuarenta minutos de montaje para comprender a un personaje como Lydia Tar. Una mujer con corazón de hombre cuya resiliencia no le impide trabajar ante cosplays sin mucha exigencia artística.
Un final demoledor.
Qué leer antes o después de la función
Morir de tiricia y carcelazo, de Sylvia Arvizu, cronista sonorense que empieza a escribir en prisión donde purgó condena por daños físicos en 2005; ganadora en 12 ocasiones del Premio Carcelario José Revueltas y en dos veces del Premio Libro Sonorense en la categoría de crónica en 2017 y también en 2020.
Evidencia de que es posible triunfar y recuperarse de la cancelación más brutal y cruel: la cárcel.
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