Mi relación con el Ejército es relativamente poca, algunos maestros egresados de sus instituciones educativas me dieron clases de anatomía, de derecho, etc.
En la universidad un muy buen maestro y amigo de nombre Rubén Mendoza, el cual fue mi maestro, egresado y cercano a las fuerzas militares y con el cual he podido reencontrarme en términos de convivencia familiar.
También he contado con las relaciones normales de los ciudadanos con las fuerzas castrenses, cuando joven realicé los trámites del servicio militar, las paradas obligadas en algunos retenes carreteros a cargo de militares, revisiones en aduanas cuando he regresado del extranjero. Todos, absolutamente todos los tratos adecuados y en ocasiones agradables como en el caso de mis maestros.
La política de Calderón trastocó el orden castrense, ese que se venía cuidando desde el 68, ese que se venía reconstruyendo desde aquellos fatídicos años de Díaz Ordaz y Echeverría.
Sin embargo, no aprendimos la lección con Calderón y con López Obrador el Ejército no sólo ha salido a la calle, se ha convertido en la pieza fundamental de la administración pública, pieza que se busca se fortalezca y trascienda esta administración. Están a cargo no sólo de la seguridad, también están a cargo de varias operaciones y otras tantas construcciones.
El Ejército está nuevamente en la calle, pero también en la calle de la protesta, en la calle de la denuncia, en la calle de la voz fuerte y que tanto molesta a los del poder, esa calle que en este gobierno que tantos años la tomó la ha entregado a las feministas, a la clase media, a los padres de niños con cáncer, a los médicos, a las organizaciones de la sociedad civil y recientemente al Ejército.
Así es, hay Ejército (que también es pueblo bueno y sabio) que no está tan conforme, tan contento, tan feliz, feliz, feliz, con las políticas que los tienen en múltiples áreas. En particular en los temas de seguridad por lo que se pudo observar en los que marcharon se sienten inseguros, se siente desprotegidos, se sienten víctimas de una orden que no llega, de un jefe que los observa y los deja a su suerte.
El Ejército está en la calle desde Calderón hasta nuestros días, pero hoy también está en la calle de la protesta, de la denuncia, de la desesperación, de la ausencia de protección de sus propias autoridades.
La calle es de todos, la calle es también del ejército, pueblo bueno y sabio.
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