Hace unos meses, me reuní con la primera vicepresidenta sonorense del senado: Sylvana Beltrones. Desde mi carrera universitaria en la CDMX estuve cercano –por azares del destino– a su trabajo legislativo en la cámara de diputados y en el senado. Las pocas veces que la escuché hablar desde el estrado, me generó una buena impresión, su conocimiento en diversos ámbitos de la ciudadanía y su forma de comunicarlo me parecieron frescos pero firmes. Explicaba de forma amena las problemáticas actuales de los ciudadanos: salud, defensa legítima, ciberacoso, mejora de condiciones laborales para los mexicanos, violencia de género. En su corta trayectoria ha abanderado una de las causas más nobles que se pueden defender en este país y en Sonora: la igualdad de género. Todos sus discursos y acciones se encaminan a defender a la mujer. Los años pasaron desde mis primeras coberturas a sus eventos hasta que un día me la encontré en una reunión con especialistas médicos a la que me colé, tuve la oportunidad de platicar con ella y me dejó una buena impresión.
Mi escepticismo con ella nacía de mi desconfianza a la clase política. Mi corta carrera de periodista me hizo confrontar a los políticos. Al conocerla, me sorprendió su calidez y su forma directa de platicar de temas complejos y polémicos. Su preparación está por encima de la media de los legisladores, es licenciada en derecho y se mantiene actualizada en los temas que le preocupan a los sonorenses. Sabía escuchar y ofrecía su ayuda en las iniciativas ciudadanas que le comentaban los asistentes. Mantiene una comunicación asertiva –una enseñanza de vida por parte de su papá–. Dialogamos de las problemáticas del país, me pareció interesante que conversaba sin resentimiento ni odio, estaba en toda la disposición de generar acuerdos con otros legisladores sin importar el partido. De verdad que su agenda, sus causas y sus propuestas le benefician al país. Ha sido tan destacada como legisladora que no por nada llegó a la mesa que preside el senado.
En una situación política tan ciclada, superficial y negligente, Sylvana representa aires frescos con causas firmes, es inteligente, sencilla, cálida y de trato fácil. Es consciente de qué deben cambiar los partidos y de qué debe permanecer por el bien de México. Denota tranquilidad, ecuanimidad, vocación de servicio y razonabilidad. Es una buena gobernante, responsable y atenta. La heredera del mito político sonorense no revela aires de grandeza.
El evento fue agradable, con buena atención y buenos diálogos. Me dejó tranquilo el saber que, ante la carencia de legisladores sonorenses capaces que defiendan nuestros intereses y nos representen con dignidad, existen algunos con la preparación y cercanía que velan por el bien de los sonorenses como Sylvana.
Me mantuve atento a su quinto informe como legisladora, el 12 de febrero lo lanzó de forma innovadora –la que le caracteriza– con una excelente producción de contenidos, difundida en redes sociales, que explican las diversas reformas que impulsó. Como pocos, con claridad y de forma novedosa, transmitió su silencioso trabajo que beneficiará a las y los sonorenses.
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