La escritura de la historia es el reconocimiento de múltiples voces que van dando forma a una fotografía difícil de ver en su totalidad. Aunque tengamos pocas fuentes del pasado, siempre habrá rastros, indicios y huellas invisibles que nos puedan ayudar en nuestro trabajo de historiar lo que no podemos ver.
Menciono esto porque las pocas veces que se ha pretendido escribir una historia de la literatura en Sonora, como introducción a una tesis académica o antología, ha sido a partir de las primeras décadas del siglo XX, sobre todo del periodo de la Revolución Mexicana.
Sin embargo, como siempre sucede, hay valiosos antecedentes para ir construyendo una historia más rica, variada y llena de actividades en torno al libro, desde el trabajo de la Compañía de Jesús, pasando por los extranjeros que visitaron el territorio, hasta la llegada de las primeras imprentas al estado y el surgimiento de los primeros periodistas sonorenses del siglo XIX.
Una historia de la literatura debe ser a la vez una historia de la lectura, de la escritura y del libro como objeto. No estará completa si no se incluye el papel de las librerías, los concursos literarios, el trabajo de los editores, los periodistas, historiadores, cronistas, imprentas e incluso los diseñadores. Al excluir a la mayoría de los participantes del ecosistema del libro y enfocarse solamente en quien escribe, es ver un pequeño detalle de una gran fotografía llena de elementos con diversos significados.
Si nos interesa conocer la recepción de una obra literaria, no basta analizar a grandes rasgos el plano político y social de la época, sino que también se debe abarcar otras directrices como quién estuvo a cargo de la edición, del diseño, si el autor o autora decidieron los elementos del libro, en donde se imprimió, el tiraje que tuvo y en qué lugares circuló.
Si lo que nos interesa es entender el desarrollo de la escritura en una región en particular, es necesario conocer los antecedentes de las peñas y veladas literarias, así como los círculos de escritores, grupos culturales y talleres de escritura cercanos. Si el interés radica en conocer la circulación de libros, es vital identificar las vías de comunicación con las grandes capitales, las rutas comerciales y los puntos de venta.
La historia cultural de una disciplina artística abona más información que un trabajo de investigación apegado a analizar una serie de obras en particular. Esa visión amplia e interdisciplinaria es lo que no se ha enseñado en nuestras universidades y es lo que no se ha hecho en las diferentes historias de la literatura sonorense que se han escrito.
La identificación de grupos culturales del siglo XIX está relacionado con los círculos políticos, la escritura improvisada y publicada en periódicos de la época está ligado a la falta de instituciones culturales, las librerías de principios del siglo XX están vinculadas con la migración europea, para conocer la historia de las bibliotecas debemos conocer también la historia de la educación.
A raíz de la pandemia, muchos archivos y bibliotecas del mundo han digitalizado información valiosa que nos puede ayudar a tener un panorama más amplio de la historia de la literatura. Los archivos electrónicos de Italia y España abonan al conocimiento de la Compañía de Jesús en Sonora; las bibliotecas de California y Arizona arrojan información importante sobre la actividad literaria en el siglo XIX; los archivos y fondos históricos digitales del centro del país dan fe de la participación de los sonorenses en publicaciones durante la primera mitad del siglo XX.
La historia se escribe a partir de muchas voces, partiendo de varios puntos y buscando lo imprevisto. Así como el presente es diverso, contradictorio y difícil de describir, el pasado también es complejo, paradójico y lleno de matices.
Lea el artículo completo aquí.



