Basta abrir los ojos y estar atentos a lo que sucede alrededor de nosotros, para darnos cuenta que el mundo de los libros se encuentra en una transición silenciosa e interesante. La aparición de nuevas tecnologías ha producido que la escritura, la edición o la distribución se encuentren en una constante evolución desde hace algunos años dentro de este siglo que apenas comienza.
La irrupción del blog provocó que pudiéramos escribir y publicar de manera inmediata. Conocimos nuevas voces y se construyeron relaciones entre autores que terminaron en proyectos de libros, seminarios y congresos. YouTube trajo consigo recomendaciones de libros y con ello los llamados booktubers. La fuerza de las redes sociales, hoy en día TikTok, y la posibilidad de difundir y compartir eventos minuto a minuto sepultó las secciones de cultura y los suplementos culturales físicos.
Amazon produjo una ola de publicaciones y nuevos modelos de distribución. Sobre todo hay uno que impresa: impresión bajo pedido. Las grandes editoriales tradicionales están adaptando este modelo poco a poco ya que es económico, amplían su abanico de títulos y no llenan sus bodegas.
A raíz de la pandemia que azotó en 2020, nació una gran diversidad de proyectos y nuevas prácticas. Algunos conductores de televisión abrieron sus propios canales de video y otros periodistas recomiendan libros en Instagram en vez de escribir una columna. Las editoriales grandes se conectan con clubes de lectura regionales en donde se leen sus novedades y terminan las sesiones con una charla en vivo con los autores.
Surgieron innumerables librerías online que sin tener un espacio en físico, venden tanto novedades editoriales como libros de colección a través de sus cuentas de redes sociales. Hay más escuelas de escritores, talleres y cursos online que nunca. Cada vez son más frecuencias las premiaciones de los concursos literarios a distancia.
Hago este recorrido a grandes saltos porque en este año conocimos otra tecnología que ya está cambiando nuestras prácticas en el mundo de los libros y que tal vez influya con mayor fuerza que sus antecesoras: la inteligencia artificial (IA).
Estamos hablando de una tecnología que se va alimentando de todo lo que se publica en Internet, por lo tanto, su aprendizaje es expansivo. Produce textos originales al instante, escribe todos los géneros literarios, traduce, corrige, se actualiza y apenas está en su versión de prueba.
Nadie puede tener seguridad de lo que nos espera con esta tecnología, pero podemos augurar un alto índice de publicaciones, una dependencia cada vez más marcada hacia el chat, un intervalo de tiempo corto entre la escritura y la publicación del libro. Al mismo tiempo se espera menos trabajo para los traductores, para los ilustradores y diseñadores, ya que la IA no sólo se trata de un chat, sino que ya existen innumerables aplicaciones de todo tipo que hacen uso de dicha tecnología.
Cuando una puerta se cierra es porque otra se abre. ¿Qué oportunidades está abriendo la IA en la literatura? ¿Cómo podemos utilizarla a nuestro favor? ¿Qué beneficios puede traer a las editoriales? ¿A los creadores? ¿Cómo será la literatura del futuro?
Siempre he soñado en escribir un libro que cada vez que se lea sea diferente, que se esté escribiendo de manera perpetua, que cambie de acuerdo a lo que busque el lector. Un libro inagotable, variante y eterno. Quizá estemos a un paso de que un solo libro sea todos los libros que podamos imaginar.
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