Ahora que está a punto de terminar el Festival Alfonso Ortiz Tirado, es buen momento para hablar sobre el lado literario que tiene la ciudad de Álamos, y que por cierto, no se ha explorado como se debe. Aunque es comprensible que la música se lleve los reflectores, siempre está presente un legado literario que sigue buscando su difusión.
En el siglo XIX hay tres personajes que hicieron diferentes aportes a la historia de la literatura de Sonora. El primero es el político Bartolomé E. Almada. Ocupó varios cargos importantes en la política estatal y escribió un diario de 1859 a 1863. Dicho texto solo se publicó en inglés en 1963. Es un testimonio importante y fidedigno de la vida cotidiana de Álamos.
El segundo personaje es el gobernador Carlos R. Ortiz. Durante su breve estancia en el poder tuvo la intención de crear una universidad y mandó comprar cientos de libros en el extranjero. La primera biblioteca pública de Hermosillo fue gracias al acervo que él mandó adquirir. Esa biblioteca no duró más de diez años, por lo que todos sus libros fueron almacenados por algunas décadas. Cuando se construyó el museo y biblioteca que hoy pertenece a la Unison, todo el material terminó en su recinto. Dado que son libros del siglo XIX, los que lograron sobrevivir se encuentran en el acervo histórico de esta institución.
La tercera persona es la maestra Margarita Almada, que de acuerdo a algunos historiadores, escribió un poema en donde nombró a Álamos como “Ciudad de los Portales”. Gracias a ese verso, que por cierto nadie ha encontrado, conocemos a esta ciudad como tal. La maestra no publicó ningún libro, sólo colaboró en medios locales. Así que, cuando digan “Ciudad de los portales”, no sólo nombran a Álamos sino que están recitando parte de un poema.
En este pueblo mágico se encuentra la imprenta más antigua del Estado que sigue activa: la Imprenta Hernández. Es un negocio familiar que ha pasado por tres generaciones desde finales del siglo XIX. Cualquier visitante la puede encontrar cerca del centro de Álamos. También recordemos que esta ciudad recibió la primera imprenta en territorio sonorense en 1828 y en ese mismo año inició la prensa del Estado con La Aurora en Occidente. A mitad del siglo XIX, no se sabe con exactitud, se imprimió en esta ciudad La aritmética de Gorir, una traducción del profesor alamense Gregorio Almada. Posiblemente es el primer libro impreso en Sonora.
Álamos también es cuna de otras plumas como el jesuita José Rafael Campoy, la maestra Catalina Acosta de Bernal, la poeta María de la Luz Quiroz, el general Pedro J. Almada, el maestro Ángel Arriola, el periodista Brígido Caro, entre otros. De igual modo podemos asegurar que en sus calles caminaron dos personas que se convirtieron en mito: Joaquín Murrieta y la Santa de Cabora.
La lista de libros sobre Álamos no es tan larga pero es significativa. Va desde Almada of Álamos. The Diary of Don Bartolomé de don Bartolomé E. Almada, el clásico Álamos de Sonora de Manuel S. Corbalá, las biografías de Alfonso Ortiz Tirado y María Félix, hasta las publicaciones recientes de la comunidad extranjera que vive en el pueblo mágico.
Actualmente conozco dos iniciativas independientes e interesantes que debemos seguir. La primera es la librería Kathy Korner, cuyas ganancias se destinan a un fondo de becas para jóvenes alamenses. Se ubica a dos cuadras de Palacio Municipal. La segunda es el proyecto Álamos History Association que se encarga de resguardar material bibliográfico sobre la ciudad. Pueden conocerlo en esta página: Álamos.
Álamos no sólo guarda música en las paredes de sus recintos, sino también versos sueltos, poemas inéditos y leyendas por escribirse. Si tienen un festival de música, de cine y de carros antiguos, es tiempo de que consoliden una feria de libro. Como suele suceder, los jóvenes desconocen su historia. Las nuevas generaciones deben conocer quien ha pasado por su territorio, quien ha escrito y qué se ha escrito. Los fantasmas alamenses siguen buscando quien cuente y lea sus historias.
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