Cuando se pierde la congruencia entre lo que se piensa, dice y hace, uno pierde algo más y que tiene mucho más valor, la legitimidad y con ello la autoridad moral. Los puestos o cargos tienen inherente a su naturaleza, una autoridad formal y esta autoridad muchas veces se confunde con el poder, cuando el carácter, la madurez y la ética no forman parte de esencia de la persona que ocupa el cargo y ejerce de forma equivocada, la autoridad formal que su cargo implica y de ser autoridad se sitúa como autoritario.
Estas palabras, definen sólo en parte la naturaleza de lo que los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación están demostrando. Digo sólo en parte, porque no sólo no son congruentes con la misión que conlleva sus investiduras, que es el respeto a las leyes. ¿Por qué? Porque faltan a la Constitución, mientras aparentemente pretenden hacer que otros la respeten… Incongruencia, artículo 127, fracción III, de la Constitución establece que ningún servidor público podrá tener una remuneración igual o mayor que su superior jerárquico.
Mientras, por otro lado, toman decisiones y acciones contradictorias a la más simple lógica, así como la más elemental ética y se exhiben aún más, cuando en un tribunal en Estados Unidos declaraban culpable a García Luna, la Suprema Corte de Justicia de la Nación liberaba las cuentas de la esposa y familiares del antes mencionado. Lo que, a los ministros de máxima institución de impartición de justicia, les hace ver cómplices de dicho infame personaje.
Eso sin tomar en cuenta el tener dentro de su equipo a persona de confianza del señor García luna, trabajando dentro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, siendo esto un serio conflicto de intereses. Entonces, dentro de este marco la ministra presidente de este órgano, bloquea cada vez que puede, acciones del órgano ejecutivo del país en intentos de paralizarlo, lo que puede calificar de un intento de golpe de Estado. Con todo esto han llevado a la Suprema Corte de Justicia hacia una deslegitimación moral absoluta a esta otrora la principal institución de la justicia en México.
Pareciera que los que deberían ser los principales defensores y promotores de la legalidad en México, fueran en realidad una banda de ladrones y delincuentes que trabajan no para la nación sino para las bandas organizadas de delincuentes, tanto los de cuello blanco, como para los cárteles de narcotraficantes y sus sicarios.
¿A qué grado unos supuestos profesionales de las leyes, tienen confundidos o perdidos sus principios morales y humanos, que poco les importa arrastrar esta máxima institución por el fango con tal de obtener poder y dinero? Las preguntas serían ¿Tienen principios? ¿Tienen moral? ¿Tienen ética personal y profesional? Los hechos dicen claramente que no tienen esto. Perdieron su alma y están viendo por sus conveniencias personales a través de vender su esencia a grupos de poder nacionales y también a intereses extranjeros, lo que les convierte lógicamente en traidores a la patria.
Da pena y lástima ver que personas inteligentes y capaces, porque lo son, pierdan toda decencia y pudor por rendirse a la ambición de dinero “fácil” y de poder. Ahí es donde muestran su falta de carácter y lo débiles que son espiritualmente. Llegaron a la más encumbrada y noble institución del país, la de la justicia y la convirtieron en un mercado de lo contrario. Deshonraron a su país, se deshonraron a sí mismos y deshonraron a sus familias. Lo más triste es que ya se metieron hasta la panza de la bestia, y ésta, los va a digerir lenta y dolorosamente. Sé que habrá quienes me digan “No importa, se lo merecen”, pero estuvieron a un milímetro de ser exactamente lo opuesto y se lo negaron por dádivas, que al final se les convertirán en cuentas de vidrio y serán vergüenza para sus descendientes por el resto de la historia… Y eso es un desperdicio y una lástima. Pudieron ser personajes honorables de la historia y se convirtieron en simples ladrones, corruptos vendepatrias convirtiendo a la Suprema Corte de Justicia de la Nación en la cueva de Alí Babá y los once ministros. 1CP
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