HERMOSILLO, Sonora.- El trabajar tan cerca de la muerte ha ayudado a Carlos Jesús Ayala Campos a encontrar un nuevo aprecio por la vida, a fortalecerse emocionalmente y a sentir por ella un gran respeto.
A sus 29 años, Carlos Jesús es de los pocos jóvenes que cuentan con un empleo inusual, pues desde hace tres años es chofer de carrozas y sepultador de muertos.
Platicó que su experiencia laboral en el ámbito funerario inició en junio de 2020, cuando la pandemia por Covid-19 hizo que cientos de empresas cerraran sus puertas y hubo desempleo.
Cuando llegó el Covid a México no había empleo en ningún lado, cerraron todas las empresas y estaban solicitando en distintas funerarias y un amigo me recomendó. Yo anteriormente estudiaba ciencias forenses, entonces, me llamó la atención, entré y aquí andamos”, dijo.
Una de las claves para poder trabajar en una funeraria es la vocación de servicio, la empatía y la sensibilidad ante los sucesos de la vida, comentó, pero eso es algo que lo aprendió en el trayecto y descubrió que era el oficio que más le gustaba hacer.
Comenzó como ayudante de chofer, Carlos ha desempeñado un papel fundamental para llevar a cabo sepelios y transportar cuerpos, ya sea al crematorio, la funeraria o al cementerio.
La pandemia por Covid-19 le hizo ser testigo de la empatía y el sufrimiento de las personas que perdían a sus seres queridos y esa fue una de las situaciones que lo hicieron madurar, sensibilizarse y encontrar el amor y sentido a la vida.
“Tenía empatía por las demás personas y sí miraba a muchas personas cómo sufrían por sus familiares y poco a poco me iba haciendo a la idea que en un momento dado me iba a tocar a mí estar de aquel lado.
Este trabajo me ha ayudado al padecimiento que tenía y, más que nada, a valorar la vida, porque no quisiera ver a mi madre llorándome a temprana edad, por eso dejé de hacer muchas cosas”.
“La perspectiva que tengo de la muerte ahora ya cambió mucho”, agregó, “ahora tengo más respeto, dejé de hacer muchas cosas que yo hacía, por (temor a) la muerte, por no estar dentro del ataúd o no estar del otro lado llorándole a un familiar mío”.
EMOCIONALMENTE DIFÍCIL
Carlos Jesús aseguró que se ha encontrado en situaciones emocionalmente difíciles, como retirar el cuerpo de un niño de 4 años que falleció por rickettsia, personas que han tenido muertes trágicas por accidentes o muertes violentas, y eso es lo que lo ha hecho reflexionar sobre la fragilidad de la vida.
Valoras la vida, tienes empatía con la gente y hace sensibilizarme más, pero también me siento más fuerte. Siento que el día de mañana que yo esté del otro lado, que mi familia esté llorándole a un familiar mío, voy a ser más consciente, más fuerte”, mencionó.
Entre sus labores como chofer de carroza, el hermosillense tiene que realizar traslados largos, a lugares fuera de la ciudad, como parte de los servicios funerarios y aunque la muerte es un tema sensible, le ha servido para conocer lugares a los que nunca había ido.
El joven enfatizó en que siempre hace su mejor esfuerzo para brindar un buen servicio, sobre todo, en conducir el vehículo de manera prudente y correcta, porque siente empatía por las personas que enfrentan la pérdida.
SU EXPERIENCIA PARANORMAL
Carlos Jesús Ayala Campos es uno de los choferes y sepultureros de la Funeraria Mission, en Hermosillo, y aseguró que su vida dio un giro de 360 grados y alivió uno de sus padecimientos que más arraigados tenía.
Yo sufría mucho de parálisis del sueño, que es cuando dicen que se te subió el muerto”, reveló, “yo sufría mucho de eso, pero cuando entré a trabajar aquí, dejó de pasarme eso, cuando tomé mi ‘break’, después del Covid, volví a recaer en eso”.
El joven aclaró que no es creyente de sucesos paranormales pero reconoció que ha experimentado algunas situaciones extrañas al momento de estar laborando, pero siempre trata de encontrar alguna explicación para combatir el miedo.
Recordó que anteriormente trabajaba en una funeraria distinta, donde las jornadas laborales eran de 24 horas y tenían que dormir en el lugar, y al estar en soledad, una que otra ocasión escuchó ruidos extraños, pero trataba de no tomarlos en cuenta.
Sí me ha tocado algunas cositas extrañas que, la verdad, no me ha dado miedo; se me ha hecho raro, pero no me ha dado miedo.
“Ruidos, por ejemplo, como cuando caminan sobre el zacate, así ese tipo de ruidos. Viento no era porque fue exactamente en un lugar.
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