El amor produce felicidad, libertad para cambiar nuestra vida, nos quita el miedo para expresar nuestros sueños o de mostrar nuestro interior. El amor a uno mismo nos da confianza y fortaleza para hacerle frente a la vida y si se tiene una pareja mucho mejor pues se sabe que no hay nada mejor que alguien que esté cerca para brindarnos apoyo y ayuda.
Hay una historia de un joven de 22 años llamado Kurtis, trabajaba en un supermercado como encargado de acomodar mercancía cuando por el altavoz escuchó una voz de mujer que pedía ayuda en una caja y el tono de voz lo impresionó y al conocer a la mujer ésta le pareció hermosa y se enamoró de ella.
Empezó a cortejarla pero ella se negaba a salir con él, porque decía que no tenía quien le cuidara a sus dos niños. Por fin un día aceptó porque había conseguido a una niñera. Pero al llegar Kurtis a la casa, ella le dijo que no podía salir porque la niñera había cancelado y no tenía con quién dejar a los niños. Kurtis le pidió conocer a sus hijos y ella le enseñó a una niña muy bonita y a su pequeño Zachari que estaba en una silla de ruedas pues había nacido paralítico y con síndrome de Down. No hay problema dijo Kurtis, los llevaremos con nosotros, fueron a cenar y al cine y Kurtis se encargó de cuidar a Zachari.
Un año después, Kurtis y Brenda se casaron y ahora tienen 7 hijos, hoy son los esposos Warner y Kurt ya no trabaja en un supermercado, pues se convirtió en uno de los mejores jugadores de la NFL como mariscal de campo de los Cardenales de San Luis ganadores del Tazón en 1999; después de 12 años como jugador activo, se retiró y ahora se le considera como el mejor jugador reclutado de todos los tiempos y Kurt Wagner es el único jugador incluido en el Salón de la Fama del futbol profesional.
Kurt Wagner es sin duda un triunfador, una persona capaz de dar un amor sin condiciones, con una aceptación total. Así es como debe de ser el amor de pareja, porque esa clase de amor se refleja y trasciende en hijos amorosos y excepcionales.
Porque el “amor de pareja”
Cuando ese amor es parejo,
ninguna duda nos deja:
¡Se refleja como espejo!
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