HERMOSILLO, Sonora.- Raúl Ortega se convirtió en donador voluntario de sangre hace 17 años para poder ayudar al familiar de una amiga en su tratamiento médico, y fue tanta la satisfacción que sintió, que desde entonces no ha dejado de hacerlo, por lo menos tres veces al año.
Sigo donando porque veo la alegría de las personas cuando les dices que sí puedes donar, que sus pacientes van a poder tener su intervención, y es algo que te genera mucha satisfacción.
“Tengo una amiga a la que le doné sangre para que pudiera tener a su hija, la niña ahorita tiene 12 años y hasta la fecha cada cumpleaños que la felicito me dice muchas gracias, gracias a ti tengo a mi hija conmigo, y no es así realmente, pero sí se siente bonito cuando ves eso”, manifestó. médico de la risa Aparte de donante voluntario, Raúl es doctor de la risa desde hace ocho años, labor que le ha ayudado aún más a reforzar esa convicción por seguir donando sangre.
es el “Doctor Cocolate”, médico de la risa.
Cuando visita los hospitales como “Doctor Cocolate”, ha podido ser testigo de la necesidad que hay en estos espacios, relató, y la gran ayuda que significa para muchas familias este apoyo.
“Creo que el asunto aquí es que el común denominador es ayudar, cuando entro con la bata y nariz de payaso a los hospitales la idea siempre es esa, que los pacientes pasen un buen rato y el lugar quede más bonito que como lo encontramos.
“Pero cuando estás ahí y ves lo que otros están viviendo, te dices, puedo hacer algo al respecto, puedo ayudar con un chorrito de sangre, y sí, me va a llevar unas horas hacerlo, pero la satisfacción que deja al final es impresionante”, describió.
No quiero hablar mal de las instituciones públicas, pero la verdad es que sí hay un margen muy amplio para mejorar, es un poco lento, el donante tiene que levantarse temprano, y sales de ahí a las 10:00 u 11:00 de la mañana, entonces donas también tu tiempo, y es importante tenerlo en consideración”, comentó.
GRANDES SATISFACCIONES
Raúl Ortega invitó a todas las personas a darse el espacio de ir a donar sangre al menos una vez en la vida, para conocer las grandes satisfacciones que deja este proceso.
Hubo un tiempo en el que cada dos meses y medio iba a donar porque veía la necesidad, pero ya la edad me pesó y sentí un bajón, entonces dije más tranquilo, y desde hace 15 años lo hago 3 veces por año”.
De igual forma, pidió a quienes puedan donar plaquetas que se sumen a la causa, porque son muchos los pacientes que necesitan de este apoyo, y que a veces es muy difícil conseguir.
Recordó que en la vida la satisfacción más grande no es la monetaria, ni la material, sino poder dormir pensando que pudo ayudar a cambiar la vida de alguien de manera positiva, y la donación voluntaria de sangre significa eso para todas las personas que la necesitan.
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