Los tiempos de caos generan personajes de época. Los liderazgos que han cambiado la historia de la humanidad han sido polémicos. Churchill era un bebedor, un general fracasado en la Primera Guerra Mundial, un ególatra que tomaba decisiones por un instinto salvaje, pactó con personajes como Franco y Stalin, arriesgó la vida de millones de civiles, pero fue necesario para la humanidad porque sólo un estadista de su calibre con un carácter tan narcisista era capaz de derrotar a Hitler. Igual de polémico para su época fue Napoleón, un corsés, poco elegante, más italiano que francés que logró modernizar la administración pública de la caótica Francia consolidando un Imperio en plena época antimonárquica.
Los grandes estadistas han sido un mal necesario para la consolidación de las naciones. México tuvo a sus hombres de estado polémicos como Díaz, Obregón y Calles que ante tanta incertidumbre vivida en las épocas de caos, optaron por centralizar el poder y crearon instituciones que lograron la modernización del país. Los liderazgos débiles, carismáticos, simpáticos, bondadosos y políticamente correctos parecen estar condenados al fracaso, Francisco I. Madero fue un gran idealista que careció de habilidad para estructurar una democracia funcional, la traición fue su condena. José Vasconcelos fue un intelectual y soñador que declamó los discursos políticos más bellos que un candidato a la presidencia haya dicho, encabezó la cruzada de 1929 exigiendo un gobierno civil, su destino fue el destierro –tengo que aclarar, querido lector, que soy un empedernido vasconcilesta–.
Las elecciones de 2018 comprueban mi tesis, en tiempos de caos la gente opta por liderazgos de antaño, López Obrador arrasó en las urnas con propuestas tan viejas como las de Echeverría. Lo que ofrecía el presidente era retomar el control de una nación que se sentía perdida ante tanta fragilidad mostrada por Enrique Peña Nieto y su gabinete. El declive del PRI se convirtió en el nacimiento de un nuevo partido hegemónico lleno de estadistas efectivos como lo es Morena en donde militan animales políticos como Ricardo Monreal, Porfirio Muñoz Ledo, Marcelo Ebrard, entre otros. La oposición o el autodenominado Frente se quedó con liderazgos débiles, sin personajes con el carácter necesario para balancear el país, entre los Alito Moreno, Marko Cortés, Anayas y otra cantidad de políticos de las nuevas generaciones que no aportaron a la construcción del México moderno ni han mostrado la fuerza para confrontar a los políticos de antaño, el país se ha quedado a la deriva de los caprichos de un hombre y su partido.
Se avecinan las elecciones a nivel federal, estatal y local más grandes de la historia del país. La situación de México reclama una oposición que confronten la visión oficialista. El poder acumulado en el legislativo y ejecutivo por parte de López Obrador y sus allegados, reclaman que liderazgos serios, personas de estado que han ayudado –a veces con métodos polémicos– a la construcción de instituciones, tengan la fuerza para balancear la situación política del país. El presidente saldrá de la escena pública pero sus discípulos intentarán mantener su proyecto de nación que no ha generado un cambio verdadero como lo prometieron, pocos tuvieron la fuerza para confrontarlo en seis años. AMLO predicaba desde la mañanera y no existía el potencial para cuestionarlo, sus simpatizantes dominaban las Cámaras del país y los gobernadores simpatizantes de su movimiento promovían un movimiento que no logró las ambiciones que prometieron. El Frente opositor no tuvo la fuerza para confrontar con habilidad y un buen discurso las decisiones del partido oficialista. Estas elecciones son distintas, su gente tendrá que competir sin la figura de su líder en las campañas. Es la oportunidad para hombres de experiencia que equilibren la balanza.
Al regreso a mi estado, por las fiestas decembrinas, Sonora, me encontré con una noticia que me consternó, pero que he intentado analizar con detenimiento, un actor político con la envergadura de Manlio Fabio Beltrones se lanzará en campaña para intentar volver a ganar un escaño en el Senado. De Beltrones, los jóvenes hemos conocido su mito y su leyenda, somos conscientes de su gran habilidad política, fue gobernador de nuestro estado, es un negociador nato que logró reformas importantes para el país y pactos democráticos relevantes desde las cámaras, pero, ante todo , es un estadista controvertido, que independientemente de sus errores, tiene el carácter para darle balance al poder legislativo y también al estado de Sonora. Porque algo si les puedo decir, ante sistemas democráticos imperfectos como el mexicano, lo único que puede mantenernos en pie es el equilibrio político. La base de las democracias liberales para evitar controles totalitarios es el llamado check and balance. Si alguien puede confrontar a nuestro gobernador, Durazo, que posee un gran poder y a los morenistas, es Beltrones.
Heredero del caciquismo político propio de las tierras sonorenses, originario de la ciudad que comparte el nombre con uno de los grandes estadistas de todos los tiempos en nuestro país, Álvaro Obregón, Beltrones es un elemento funcional en un país polarizado y caótico que requiere de liderazgos efectivos para darle rumbo a una nación que parece estancada por falta de gente con la habilidad y el poder que pueda confrontar a los actuales mandatarios. El exgobernador de Sonora se posiciona como una de las personas que pueden seguir aportando en este país para generar las alianzas necesarias que nos permitan salir del ciclo vicioso de la polarización y del discurso de odio y que consoliden pactos para fortalecer a las instituciones del país.
Beltrones concilió y logró pactos en distintas ocasiones de su enorme carrera política, lo hizo como gobernador intentado modernizar su estado natal, como diputado consiguió, en diversas ocasiones, dialogar con el PAN y el PRD para afianzar el Pacto por México que permitió reformas innovadoras en materia de energía y electorales, además de haber actuado como senador y como dirigente del PRI a nivel nacional. Su experiencia, su capacidad de operar políticamente y de fomentar una cultura del diálogo son motivos relevantes para creer que con él se puede conformar un senado más equilibrado de lo que está ahora. El orden, a veces, lo imponen líderes cuestionables, pero con grandes habilidades.
Beltrones es de los últimos líderes que en tiempos difíciles generan contrapesos en contra del nuevo movimiento hegemónico que llamamos Morena. Manlio es de las mejores opciones para la oposición que intenta estabilizar y unificar a través de pactos a una nación tan dividida.
Ojalá y México, empiece a generar liderazgos nuevos e innovadores, pero por lo pronto el país no tiene la madurez ni la intención de desprenderse de los personajes de antaño como Alfonso Durazo, Marcelo Ebrard, López Obrador, Manlio Fabio Beltrones, etc. A lo mejor que podemos aspirar en estas elecciones es que vuelva un gigante a confrontar a los demás animales políticos que sin ningún tipo de freno potente mantendrán al país estancado. Manlio es un líder nato que con su experiencia y desde el Senado puede aportarle mucho a la nación.
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