HERMOSILLO, Sonora.- Desde hace más de medio siglo, Martín Landavazo Ballesteros colecciona artículos antiguos que se usaban en ranchos y campos de Sonora, y con los que ahora da un toque campirano a su hogar.
Reveló que cuenta con piezas que tienen más de 100 años y algunas de ellas pertenecieron a sus antepasados, ya que nació y se crió en una granja ubicada en Mazatán, Sonora, lo que le trae muy bonitos recuerdos.
Fui criado prácticamente en un rancho y todos estos aparatos me gustan mucho, y los he ido coleccionando poco a poco, desde hace, digamos, 45 o 50 años para acá.
“Son herramientas que se usaban para la agricultura. La máquina que tenemos allá es una sembradora, esta es una cortadora de zacate y otro aparato que tengo es un taladro de mano”, dijo.
En la esquina de las calles General Piña y Jesús Siqueiros, de la colonia Balderrama, se encuentra la vivienda de Martín, cuya decoración es muy peculiar, pues está inspirada en todas esas antigüedades que ha recolectado a lo largo de su vida.
Las máquinas hechas con acero, las cuales llegan a pesar más de 150 kilos, permanecen con candado por fuera de su hogar para evitar que se las roben, brindando un ambiente acorde al concepto que por décadas ha diseñado Martín, de 73 años de edad.
“Muchos de los objetos con marcas de herrar, herramientas que usaban los herreros antes y que ellos mismos las fabricaban. Anduve en muchos pueblos; además de mi pueblo Mazatán, me salía a otros pueblos; incluso, estuve viviendo en Puebla y de allá traje, también, algunas piezas”, detalló.
El número de piezas con las que se cuenta es desconocido, destacó el coleccionista, pero seguramente son más de 200 y en diferentes tamaños, pues hace varios años que no se preocupa de contarlas.
Todo lo que hay aquí son cosas mías, porque soy de pueblo y de rancho, y todo esto me recuerda a eso, tengo muy bonitos recuerdos”, comentó.
Te puede interesar: Mazatán “la capital del queso” produce dos toneladas al día
LOS USAN PARA SESIÓN DE FOTOS
Cada decoración de su hogar, al menos en el exterior, cuenta con una antigüedad que representa alguna historia de alguno de los ranchos sonorenses, y la mayoría cuelgan de un tejabán hecho con barrotes y madera de más de 50 años.
“Yo las tengo aquí afuera porque como me gustan tanto, pues muchas veces viene gente a tomarse fotos, de quinceañeras, de cumpleaños y me piden permiso, y yo les doy permiso para que agarren de escenario.
Tengo piezas que pertenecieron a mi padre, que en su tiempo fue herrero, también hacía ruedas de carreta. Tengo la fragua y un yunque de él”, aseveró.
La atmósfera campirana que las reliquias le dan a la casa, es una de las cosas que más le agrada a Martín, pues le recuerda a su infancia en el campo y el oficio de su padre.

FOTO: JORGE LÓPEZ
¿QUÉ DICE SU FAMILIA?
Confesó que al principio no le agradó mucho la idea a su esposa que la casa la llenara de reliquias de campo, pero con el tiempo se fue acostumbrando y ahora comparte el gusto por las piezas que le dan un ambiente diferente a su hogar.
A la gente, más bien, se les hace un poco raro, porque está toda la casa como del campo, pero les gusta al mismo tiempo”, indicó.
La mayoría de las reliquias son herramientas para trabajar en el campo, pero Martín también tiene artículos que los vaqueros usaban para alimentarse, como cazuelas de hierro forjado, cuchillos, metates, molcajetes y hasta una máquina tortillera de varias décadas.
Lea el artículo completo aquí.




