HERMOSILLO, Sonora.- Una actividad muy colorida, ecológica y con causa es la que realiza María Ema Fierro Bañales, quien desde hace más de un año siembra y cosecha la planta de guaje, y con el fruto fabrica y decora todo tipo de artículos para venderlos y recaudar fondos para comprar material.
La directora y presidenta de la asociación Cultura Agropecuaria y Acción Ambiental en tu Comunidad, Huertos y Más, explicó que los guajes, a los que se le conoce en otra regiones como jícara, bule o tecomate, es una planta ancestral que, a pesar de que no es nativa de Sonora, se puede cultivar muy bien a partir de una sola semilla.
Una sola planta te puede dar entre 100 y 200 guajes. Hay diferentes tipos, está el guaje ermitaño, que es el que está acinturado; está el alargado, que tiene una bolita abajo y la utilizan nuestros indígenas para hacer sonajas, sobre todo los Comcáac”, dijo.
Otra especie es la que es conocida como gigantes, los cuales se usan para diferentes cosas, agregó, como para fabricar tortilleros, contenedores de agua, pero en los pueblos originarios los usaban como platos, tazones, cucharas y coladores.
María Ema destacó que además de contribuir con el medio ambiente, el sembrar la planta de guaje puede contribuir económicamente en el entorno, pues no se gasta en utensilios para el hogar o les da un uso artístico.
PRIMERO LAS REGALÓ
Recordó que hace poco más de un año las dos plantas que sembró dieron frutos y se le ocurrió decorarlas, con pintura acrílica y barniz, y hacer casitas para pájaros, pero las obsequió a sus conocidos, ya que les habían agradado.
Al ver que tenía una gran cantidad de guajes, pues cada una de las plantas dio entre 35 y 40 piezas, decidió hacer casitas de pájaro para venderlas, con la ayuda de sus hijos, a quienes les gusta también decorarlas, ya que es una manualidad muy relajante.
Empecé a hacer nidos de pajaritos, pero otra cosa que me pidió la gente son lámparas para su patio y vamos a hacer lámparas con iluminación solar, para que sea más ecológico”, indicó.

TRADICIÓN FAMILIAR
Ema Fierro platicó que su abuela materna, Aurelia Bañuelos, es originaria de la etnia Cora, asentada en la comunidad de Tecuala, Nayarit, y desde que recuerda, siempre la veía realizando artesanías a base de guajes, como parte de sus tradiciones.
Nuestra historia con los guajes tiene muchas generaciones. Es una cultura ancestral que nosotros debemos de retomar, independientemente de ser ambientalistas, sino también por el tema económico”, dijo.
“Ellos tienen la cultura de la artesanía y ella fue la que me empezó a enseñar a cómo curarlos, cómo limpiarlos, pero ya lo demás (decorarlos) fue de mi cosecha”, expuso, “también viví una parte de mi vida en Sinaloa y allá usábamos el guaje para beber”, comentó.
Allá se da otro tipo de guaje que tiene una especie de verrugas, se quitan y quedan como colador, por ello lo usan para lavar el nixtamal para hacer la tortilla, agregó.
La ambitentalista externó que la idea es tratar de sacarle el máximo provecho a lo que sale de un huerto y en ellos no solamente puede haber frutas y verduras, sino que también puede haber plantas que sirvan como polinizadoras para las abejas y darle un buen uso a la cosecha de otras especies.
El dinero que gano con los guajes lo utilizamos para comprar material y herramienta de trabajo”, agregó, “y usarlo en las actividades que realizamos”.

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