¿Es La Decisión de Partir (Chan Wook Park, 2022) una película de cine negro? ¿O esta producción sudcoreana se ubica más cercana a las cintas de amor y romance? La respuesta es híbrida ya que es, precisamente, una mezcla equilibrada entre ambos géneros —los filmes de detectives y aquellos pasionales— lo que hace a ésta una historia relevante.
La Decisión de Partir es una cinta dividida en dos capítulos, uno más intrigante que el otro, sin duda, pero ambos llegan envueltos en una fotografía impresionante cuyos encuadres, colores y texturas nos hacen comprender, desde el inicio, que estamos ante un ejercicio de virtuosismo con características de excelencia.
Así, los primeros minutos de La Decisión de Partir trazan un esquema más o menos común: el experimentado detective Hae Joon (Park He-il) investiga la muerte de un alpinista; el occiso ha caído desde una peligrosa cima y debe aclararse si esto fue suicidio, accidente u homicidio.
Muy pronto las sospechas recaen en Seo-rae (Tang Wei), bella viuda con quien Joon termina involucrado. Hasta aquí todo apunta a la consecución de un argumento ya muy visto, con personajes típicos: la mujer fatal, el detective en decadencia, o con algún trauma que lo paraliza y la premisa de que todo esto será “otro caso más sin resolver”.
Sin embargo, a medida que avanza el metraje, La Decisión de Partir abandona el cartabón y explora el terreno del amor a partir de la simple determinación argumental de no permitir al espectador tener más pistas o conocimiento que los acumulados por el protagonista, es decir, el detective Joon.
Joon y Seo comienzan un romance cuyo nudo gordiano es la actitud protectora de la viuda hacia el investigador. Y, a pesar de que el oficial sabe que estos sentimientos interfieren en sus pesquisas y con su matrimonio, se deja llevar por el trato afectuoso y consolador que le ofrece la sospechosa.
Cuando el caso del montañista es cerrado y Joon descubre que ha sido utilizado y engañado por Seo, el rompimiento es inevitable. Y más adelante, ante un esfuerzo por recuperar la estabilidad con su esposa, Joon vuelve a toparse con su ex amante, despertarán de nuevo las sospechas acerca de la posible participación de Seo en la muerte de su marido y comenzará el verdadero tour de force que La Decisión de Partir tiene reservado para el espectador.
Esta es una película estilizada, cuyo ritmo despierta y mantiene el interés en la perversa —pero bellísima trama—, gracias a actuaciones precisas donde surge el rasgo principal de la narrativa: la incomunicación entre las parejas. Seo tiene un origen chino, su coreano es limitado y debe utilizar, con frecuencia, su app del celular para traducir lo que ella no puede decir en coreano.
¿Habrá ignorado Joon, desde el principio, algo importante que se perdió en la traducción? ¿O acaso Seo ha sabido tejer una trampa de engaños desde su aparente inocencia e indefensión?
Que el espectador lo defina. Aunque puedo advertirles que jamás he visto o leído una historia de detectives en donde la mujer fatal pueda ser rescatada y el caso en cuestión haya sido completamente resuelto.
Qué leer antes o después de la función
El complot mongol, de Rafael Bernal, relato primigenio de la novela negra mexicana ya que está centrado en su protagonista, el detective Filiberto García, el contexto de corrupción de las autoridades, una intriga internacional y, por supuesto, la mujer fatal a la que García anhela rescatar de toda esa podredumbre.
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