La muñeca más famosa del mundo ha llenado las salas de cine por primera vez desde la infausta pandemia de 2020. Y no sólo eso. El público decidió celebrar con júbilo el estreno de Barbie (Gerta Gerwing, 2023) acudiendo a las funciones disponibles en tono rosa como colorido homenaje al juguete de Mattel.
¿Cuál es el origen de este fenómeno? Sin duda, se debe a una mezcla inteligente de nostalgia, estereotipos femeninos y masculinos, alta dosis de crítica a la falsa inocencia —Mattel sí “aguanta vara”— y, por supuesto, algunos señalamientos acerca de la actual ideología de género.
Todo esto envuelto en comedia rosa, de principio a fin, donde su guionista y directora, Gerta Gerwing, encuentra la fórmula para convertir la cursilería y el kitsch en una pieza atractiva y divertida.
En Barbieland todos los días son perfectos. Barbie (Margot Robbie), no desea que nada cambie, pero cuando la Barbie piensa en la muerte todo cambia. Barbie presenta problemas existenciales que habrá de resolver viajando al mundo real para devolverse el y, en consecuencia, a su tornasolado y plástico universo.
Sin embargo, en esta odisea Barbie no va sola. La acompaña Ken (Ryan Gosling), que, como se sabe, es sólo un accesorio en la vida de la muñeca por lo que es dependiente, sumiso y siente amor incondicional, sin ser correspondido.
Así, entre ingeniosos episodios de aprendizaje sobre el mundo real que Barbie y Ken experimentan, se gesta una sátira sobre la igualdad de los sexos, y el patriarcado por lo que surge un movimiento de “liberación masculina” cuyo líder, Ken, promulgará en Barbieland para establecer el dominio de los varones, tal y como el muñeco lo observó en la realidad.
Barbie no carga agenda política. Y eso es uno de los aspectos más interesantes de esta película, ya que, al utilizar a Barbie y Ken como los juguetes que son, se da con el camino para ilustrar una exploración acerca del concepto de igualdad y equidad entre los géneros. Aunque estos personajes no dispongan de genitales (Barbie dixit).
Barbie no es para niñas, pero maneja una narrativa infantil que sirve para tocar temas más profundos. Barbie es cursi, sin embargo aprovecha ese contexto y lo transforma en algo delirante y entretenido. Barbie no es feminista, más al anhelar una evolución en Barbieland se acerca al ideal platónico del conocimiento.
Margot Robbie se descubre integrada a las escenografías surrealistas y realistas y se parodia a sí misma con facilidad, pero es Ryan Gosling, como Ken, quien resulta ser lo mejor de la cinta al recrear con encanto y astucia su rol como “un casi hombre” que se deslumbra ante las ventajas de serlo y busca llevar dicha revuelta a su mundo.
De antología su interpretación de la canción “I’m just Ken”, un espectacular y sublime tributo al glam rock, género cuyos elementos de mercado —cantantes atractivos, melenas de salón, atuendos nada improvisados y maquillaje— buscaron ir por más mujeres para el consumo de sus producciones, tal y como es la razón de ser del andrógino Ken.
Barbie es una comedia inteligente que se sabe intrascendente y juega con ello; es un laberinto de espejos en cuyo reflejo podemos vernos y reconocernos.
Es surrealismo y realismo en enloquecido color rosa.
Qué leer antes o después de la función
Memoria de chica, de Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura, 2022. La escritora francesa recuerda el verano de 1958 con conmovedires pasajes de su paso de la infancia a la juventud y la llegada del primer encuentro sexual en su vida. Ernaux se dirige a las mujeres que vivieron esa experiencia.
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