Sonora es el 6º lugar con más suicidios a nivel nacional con 278, en Hermosillo, se registraron 90 suicidios durante 2022. En la capital de Sonora estos números han bajado ya que en el 2021 se registraron 119 y en el 2020 107 suicidios.
Lo anterior con datos de la organización Hermosillo ¿Cómo Vamos?, la cual también apunta la necesidad de impulsar programas de políticas públicas para identificar los casos, garantizar el acceso y el tratamiento adecuado.
La depresión, las adicciones, la soledad, el complejo entorno en el cual nos desenvolvemos como sociedad día con día provoca un sentimiento de aislamiento tal que, a pesar de estar rodeados de personas, nos sentimos solos, pero no sólo eso, solos y con múltiples problemas sobre nuestros hombros, o así lo consideran las personas que no encuentran solución, aliento, aprecio o en su caso medicamentos y tratamiento adecuado.
Las redes sociales, el acoso escolar, la reciente pandemia que vivimos, la gran cantidad de información a la que tenemos acceso, el abandono familiar y social, van sumando, como gota a gota hasta derramar un vaso que termina quebrándose tomando una decisión orientada a dejar todo.
El desempleo, los conflictos familiares, sociales, la confrontación política, los conflictos bélicos, elementos que incluso pudiéramos pensar que nada tiene que ver con nosotros y sin embargo nos provocan estados de ánimo que se van reflejando en la salud.
¿Qué hacer con estos números, qué hacer con esta información, qué hacer para seguir viviendo?
Lo deseable sería contar con los servicios de salud mental al alcance de todos para al primer síntoma poder buscar y encontrar respuestas o apoyos, seguramente salir de un conflicto mental es más fácil en compañía de los especialistas e incluso con medicamento.
Encontrar el sentido de nuestra existencia puede ser una respuesta para seguir adelante, con este camino real o imaginario frente a nosotros, quizá se pueda tomar un rumbo más relajado que nos permita tener una mejor calidad de vida.
Cuando todo parece estar en contra, Viktor Frank nos muestra que, aferrándose a una idea, en su caso en el amor de su esposa, es posible sobreponerse a los horrores en un campo de concentración, a pesar de que nunca la volvió a ver, esa idea de amor le dio sentido a su existencia y siguió con su vida.
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