Mario Vargas Llosa, es sin duda provocador, intenso, genial, universal y ahora inmortal.
Mario, es miembro de la Academia Francesa (Inmortal) como se les conoce a sus integrantes.
Mario es miembro de la Real Academia de la Lengua Española y desde finales del año pasado también de la francesa, ganador del Nobel, fue candidato a la Presidencia en su amado Perú, además ha encabezado grandes manifestaciones en Barcelona contra los separatistas; Incomodó a Octavio Paz en los coloquios de la revista Vuelta, cuando nos llamó “La Dictadura Perfecta”; se ha liado a golpes con Gabriel García Márquez.
Decir que Mario aburre, no es ni cerca lo que realmente provoca Vargas Llosa, sus libros son entre provocadores, eróticos, críticos, políticos y mucho más, su vida llena de emociones, alteraciones, drama e incluso amor del cursi. Sus discursos violentos, airados, complejos, sus entrevistas retadoras, sus conferencias incómodas.
No es entonces de sorprender que incomode a quienes su mirada penetrante observa, siguiendo a esta la voz que truena y finalmente la pluma que destruye o edifica.
Es Mario de América, de Europa, del amor y del odio, es Vargas Llosa para leerse, disfrutarse y pensarse, es muchas cosas, es todas, lo único que no es, es precisamente “aburrido o decadente”, como lo ha calificado nuestro presidente López Obrador.
Cuántos más aburridos pensadores como Mario necesita el mundo, para que nos sorprendan en sus escritos, en sus discursos, con su pensamiento.
Mario es ya inmortal, es universal y es para muchos uno de los grandes, entiendo que para otros no lo es tanto, insisto puede ser muchas cosas, menos aburrido, su vida está llena de intensidad, de emoción, de inteligencia y de congruencia. Incluso su ensayo que lo retrata hoy día, cuando habla de la sociedad del espectáculo, parece que fue un anticipo de su vida reciente.
He leído a Mario, lo he escuchado, lo sigo desde hace muchos años, no me aburro de leerlo, de escucharlo, incluso de admirarlo, quizá lo único que le reprocharía sería precisamente ese golpe que le dio a otro inmortal, al también universal García Márquez, pero entre grandes, entre gigantes tienen sus códigos, tienes sus historias y nadie que no esté a su altura puede intervenir.
Larga vida a los gigantes, que ya son inmortales, que sus libros, y su pensamiento nos siga inquietando y provocando.
Pensar no aburre, pensar alienta y da esperanza.
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