“Si no tienes seguro de gastos médicos, te mueres”, me comentó Wilson, tras superar una eventualidad médica. El familiar de Wilson, afortunadamente contaba con seguro de gastos médicos mayores.
Y de pronto, aparecieron, poco a poco llegaron, tomaron sus lugares, invadieron las calles, ofrecieron opciones, comida, galletas, panadería, café, detergentes, nieves, dulces, sodas, chocolates y claro medicinas. Pero eso no es todo, muchas vienen acompañadas de un consultorio médico, que ofrece sus servicios en algunos de estos lugares de forma “gratuita”.
Los seguros de gastos médicos mayores, son inaccesibles para la gran mayoría de los mexicanos, que mucho tiempo vivieron en el servicio público y del servicio como prestación del mismo, un desahogo para el sistema público de salud destinado a los burócratas, sin embargo, se pensó que eso era incorrecto y ha desaparecido.
¿Qué alternativas de salud tenemos?, si eres funcionario público, de esos que tienes que soportar el mal trato de un jefe que tiene que ser tapete de un jefe, que tiene que soportar las decisiones de un jefe, tendrás los servicios públicos destinados para quienes como tú, dejan la vida en las oficinas de gobierno, estos sistemas bien sabemos no funcionan, no tienen medicamentos, no tienen espacio, no cuentan con infraestructura suficiente, incluso no hay los médicos necesarios.
Pero si tu vida pasa en las oficinas privadas, de la mano de un empresario que obedece los indicadores del mercado, de la bolsa, que su vida está basada en el fortalecimiento de su patrimonio, quizá también el de su familia, entonces pasarás la vida en centros de trabajo que esperan todo de ti y a cambio de inscribirán y pagarán un sistema público de salud que tampoco tiene los hospitales, clínicas, consultorios suficientes, no cuenta con medicamentos, en fin. Parece que estamos atrapados entre lo público y lo privado.
Entonces, ante la ausencia de eficacia de los sistemas de salud públicos, ante la imposibilidad de pagar un seguro de gastos privado, que te dan acceso a súper hospitales, que brillan de limpios, que cuentan con todos los equipos necesarios para atender casi lo que sea, y que atienden con una gran sonrisa; Surgen como resultado, miles de farmacias, con consultorios médicos, donde esperas poco, te atiende un médico y te da una receta, acudes a la farmacia que está a un lado y seguramente tendrán todas las medicinas que necesitas, ahora lo único que hace falta es pagar.
Pagar por el sistema de salud que ya está pagado por el sector privado o que es responsabilidad del sector público.
Ante la urgencia, ante la muy comprensible necesidad de sentirse un poco mejor, de controlar el dolor, de sanar a los hijos, a los padres, el poco dinero que en casa se tiene, se entrega con esperanza al creciente sistema privado de salud que se multiplica en nuestro País.
O te mueres, como sentenció Wilson.
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