Ha pasado la conmemoración y movilizaciones por el Día Internacional de la Mujer, y la Organización de Naciones Unidas (ONU) dio a conocer un nuevo indicador de desigualdad laboral de género que muestra un panorama “mucho más sombrío” del que se suponía. Entre las revelaciones desalentadoras destaca que a nivel mundial las mujeres únicamente reciben 51 centavos por cada dólar que ganan los hombres.
Sin igualdad financiera y laboral es imposible cerrar las brechas y alcanzar una emancipación verdadera, pues la debilidad económica se traduce fácilmente en una vulnerabilidad que coloca a las mujeres en situaciones indeseables de dependencia frente a padres o parejas sentimentales.
Al respecto, resulta devastador el cálculo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), según la cual se requerirían 132 años para cerrar las brechas económicas de género al paso al que se avanza en la actualidad.
Ante la contundencia de los datos, es evidente la urgencia de acelerar el combate a la desigualdad en todos los terrenos. Suprimir de una vez por todas la inequidad histórica y estructural que padecen las mujeres es tarea del Estado, la iniciativa privada, las organizaciones laborales, agrarias y de la denominada sociedad civil, las comunidades, las familias y las iglesias.
El Poder Judicial y el aparato de procuración de justicia se encuentran entre los sectores que deben someterse a una exhaustiva revisión a la luz de la lucha por erradicar todas las formas de violencia contra las mujeres. Pese a todas las reformas para establecer una perspectiva de género en el proceder de tribunales y agencias del Ministerio Público, continúa siendo lastimosamente habitual encontrarse con que jueces o fiscalías facilitaron la impunidad a presuntos agresores, incluso en casos que han cobrado relevancia pública.
Por un mundo digital inclusivo…
Consideremos esto; la digitalización es uno de los cambios más profundos que conforman el siglo XXI. Las tecnologías digitales están transformando las sociedades, permitiendo grandes avances para mejorar las vidas de las mujeres y las niñas; sin embargo, también da lugar a nuevos desafíos que pueden perpetuar y profundizar las desigualdades de género.
La brecha digital de género, es decir, la disparidad entre mujeres y hombres en relación con la adopción digital y las oportunidades de acceso, uso y beneficio del mundo digital, se ha convertido en uno de los problemas más urgentes que debemos abordar como sociedad.
Con todo, la tecnología avanza a pasos agigantados, es cada vez más evidente que las mujeres están siendo dejadas atrás. La brecha digital no es sólo una cuestión de acceso a la tecnología, sino también de habilidades y oportunidades.
En América Latina, 40% de las mujeres no están conectadas o no pueden costear el contar con Internet, estamos hablando de más de 89 millones de mujeres. La pandemia de Covid-19 ha puesto de relieve la importancia de la tecnología en nuestras vidas diarias.
Sin embargo, muchas mujeres carecen del acceso y de las habilidades digitales necesarias para aprovechar los beneficios de la digitalización. Como resultado, corren el riesgo de quedarse atrás y perder oportunidades de educación, trabajo y desarrollo profesional.
En México, 59% de las mujeres no utilizan ya sea dentro o fuera de casa alguna computadora, laptop o tableta, aumentando hasta 77% en zonas rurales esta falta de acceso a dispositivos; y 63% de las mujeres que no usan Internet reportan que la principal razón es porque no saben usarlo, es decir, las mujeres se encuentran en una situación semejante a lo que hace 30 años les hubiera significado no saber leer y escribir.
La tecnología está transformando el mundo y las mujeres tienen derecho a ser parte de esa transformación. Si queremos construir un mundo digital justo y equitativo, debemos impulsar la igualdad de género en la educación, la tecnología y la innovación. Por ejemplo, para 2030, en América Latina, se prevé la creación de 22.5 millones de empleos en industrias que buscan reducir sus emisiones de carbono (agricultura, producción alimentaria sostenible, energías limpias). No obstante, sólo 20% de estos nuevos empleos son en sectores económicos dominados por las mujeres. Generemos inclusión; es por el bien de todos. Nos vemos la próxima.
Hasta entonces.
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