En un sinfín de parejas, independientemente de su nivel educativo, económico y social, se manifiesta el abuso, un monstruo de mil cabezas causante de dolor y tristeza. El dolor que infringe dicho monstruo puede ser físico, verbal, psicológico, sexual y hasta económico, y suele ser constante. Este se traduce en un maltrato continuo o intermitente, que se manifiesta de diversas formas. Aunque hay quienes tienen confusión con el término abuso, pues consideran que sólo se refiere a los golpes.
Recuerdo ahora a Marcial y Oriana que viven sumergidos en esta dinámica de maltrato. Él es culto, desempeña cargos altos en varias empresas, promueve el bienestar de las personas que lo rodean, asiste a un gimnasio y se alimenta de forma saludable, entre otras características que sugieren que es un buen partido.
Oriana es ejecutiva, guapa, atractiva y sociable, entregada en cuerpo y alma a cuidar del bienestar de Marcial, y que esté satisfecho con su actuar respecto al logro de sus proyectos personales y profesionales. Pero está sumida en un estrés crónico, que le provoca caída de cabello, y come poco para guardar la figura que él le demanda. Por tanto, pierde peso, sufre un cansancio insoportable y muestra irritabilidad en el trabajo, entre otras cosas, que denotan un miedo inimaginable de perder su relación de pareja. ¿Cuál es el precio que se tiene que pagar por “tener” una pareja? ¿Esto le ocurre solo a las mujeres?
Otra historia es la de Valentín y Mirelle. Él tiene aciertos y desaciertos, defectos y virtudes. Forman una pareja que ha navegado por años, han integrado una familia con un par de hijos. Ambos trabajan arduamente para cubrir sus necesidades y las de su familia. Mirelle es una mujer “empoderada”, trabajadora, dedicada a su profesión; ha destacado gracias a su dedicación y esfuerzo. En los últimos años ella se ha tornado exigente, quiere un nivel de vida que está separando a la pareja. Él se encarga de cubrir los gastos de la casa, acompaña a los hijos en sus actividades y mantiene la casa en perfectas condiciones. Pero ella demanda que él aporte más ingresos. Entonces, ¿Valentín vive abuso?, ¿tiene la responsabilidad de ser el único proveedor? ¿Qué pasaría si él manifestara ante autoridades que es violentado por su pareja?
¿Qué es entonces la violencia? Según la Organización Mundial de la Salud es “el uso intencional de la fuerza o poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga probabilidades de provocar lesiones, daños psicológicos o sexuales, trastornos del desarrollo e incluso la muerte”.
El abuso se manifiesta de diversas formas en la pareja. Mic Hunter (1991) expone que “cuando nos vemos inmersos en una relación donde hay el maltrato, el físico se mezcla con el verbal, el emocional y muchas veces con el sexual”. Agrega que “las muestras de abuso generalmente se dan de manera paulatina, poco a poco, sin que la víctima esté consciente de que está siendo abusada; de manera que se instaura este patrón sutil, aunque crónico, como una dinámica tóxica y disfuncional en la pareja. Por eso, para la persona abusada es tan difícil prevenirse”.
Esto me recuerda un proverbio árabe: “Sólo hace falta repetir algo cien veces para que se convierta en realidad”.
Por un mundo de confianza y esperanza.
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