“La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”. (Platón)
Una vez más tomé carretera en un viaje de trabajo. Viví de nuevo la sensación plena de libertad, porque en el camino observé muchas cosas y me acompañó mi música predilecta, y todo invitó al agradecimiento. Entoné melodías, y sentí lo que cada una expresa; en esta ocasión emergió el recuerdo de mi padre y su habilidad para tocar los bongos. Él me compartió sus experiencias cuando acompañó a artistas de su época. Sentí nostalgia por esos momentos cuando lo observaba acariciar con dulzura, ternura y pasión los bongos, y les arrancaba las notas de melodías familiares para mí. El sonido del viento y su toque suave en mi rostro hicieron que fluyeran recuerdos de esas andanzas de mi infancia y adolescencia.
En mi travesía surgieron momentos de alegría, tristeza y dolor, porque la música me condujo a viajar por la carretera de los recuerdos de mis padres y otras personas que me han cobijado con su ternura, cariño y amor. Recordé Está sellado, interpretada por Chelo Silva, melodía que le gustaba a mi madre. Mi padre disfrutaba de la canción Silvia, del grupo Los Muecas. También escuché Coincidir, de Alberto Escobar, melodía muy emotiva para mí.
Tomar el volante del automóvil y de mi vida es una experiencia maravillosa, pues es una oportunidad de acomodar el aprendizaje obtenido en cada suceso. Como dice E. Kant: “Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí”. En la última parte yo diría: en el cielo nublado sobre mí y el amor que gravita en mí, por la naturaleza que me envuelve. La tarde cayó lentamente, y el sol se fue alejando para dar paso a la noche. El viento acariciaba mi rostro, y la música me llevaba de un lugar a otro, junto con los recuerdos.
La caja de Pandora guarda recuerdos dolorosos, heridas y pérdidas, y también alberga la esperanza como un estado mental y físico del cerebro. El ejercicio de escribir es una aventura, porque así registro acontecimientos y personas que lo nutren cada día. Los recuerdos del pasado también constituyen una parte significativa para crear una secuencia de historias, que guardan hechos objetivos o subjetivos. Entonces, el silencio, el aire suave y el murmullo de la noche que se avecinaba me colmó de emociones y estuve atento a cada estímulo recibido.
Tengo la oportunidad, los dones y la experiencia para acompañar y apoyar diariamente a las personas en su camino; comparto con ellas dolores, tristezas, pérdidas, violencia, alegrías, entusiasmo y amor, entre otras cosas. Esto, porque también yo he podido acompañarme y apoyarme en otros para creer y desarrollar mi ser. Llegó el momento de encender las luces del auto, como lo había hecho con la luz de mi conciencia, para darme cuenta de lo que vivo aquí y ahora.
Al llegar a mi destino me hice estas preguntas: ¿por qué duele el dolor; por qué es difícil tomar decisiones; por qué es difícil el manejo de emociones y sentimientos? Las luces de la ciudad y de los autos atrajeron mi atención y concentración, y dejé de lado dichas preguntas. Recordé a varios maestros, sobre todo a Pilar Ocampo Pizano, quien por cierto cumple años este 26 de octubre. Si la ves por ahí en tu camino o redes sociales, invito a que la felicites.
La música y las emociones se besan, acompañan y nutren para celebrar la vida; sobre todo la nuestra, que se teje a cada momento de múltiples experiencias. Quizá mis palabras sean cortas o poco impactantes, sin embargo, las envuelvo en melodías para entregarte mi sentir pleno en cada nota y en diversos tempos.
Un abrazo. Que sea un buen fin de semana.
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