He reflexionado sobre el rol de la mujer en la actualidad. Celebro sus logros en los ámbitos personal, familiar, profesional, educativo, social, político y económico, entre otros. Sé que le faltan muchos pasos por avanzar y trascender en el mundo actual, y que requiere el acompañamiento de otras mujeres y, por supuesto, de los hombres. Ambos nos necesitamos para crecer y evolucionar como personas integrales, excluirnos o combatirnos no contribuye a nuestro bienestar integral.
Soy afortunado por conocer mujeres que se levantan cada día para trabajar en sí mismas, y así aportar beneficios a la comunidad donde viven. Mujeres que cuestionan creencias, valores, normas y reglas recibidas durante su formación familiar, educativa y social. Las que se esfuerzan por dejar huella y abrir puertas para las que vienen detrás.
Un mensaje que leí hace tiempo dice más o menos así: si no hago cosas por ti, no me debes nada. Si no haces cosas por mí, no te debo nada. Mejor hagamos cosas juntos y eso provocará la alegría y gozo de saber que contamos con la fuerza de ser quienes somos, y crear y cocrear el camino que queremos andar. Es mejor estar juntos; elijamos ir a donde queramos, y decidamos hasta cuándo, porque caminar juntos es una elección personal.
Esto me conduce a celebrar cada día el valor de mi madre, mujer sencilla, risueña, alegre, sensible, fuerte y resiliente que eligió, junto con un hombre, crear mi vida y dejarme en plena libertad para pintarla o esculpirla. Valoro y valido todo lo que me ofreció para aprender lecciones de vida. Esa mujer fue madurando con los años, gozó y sufrió experiencias que marcaron su existir.
Celebro a las mujeres que he conocido, querido y amado. Reconozco su aportación significativa a mi existencia, los regalos recibidos, los momentos y sueños compartidos. Hermosas mujeres, porque entregaron lo mejor de sí mismas para fortalecer mi visión y misión. También valoro y valido a las que están en plena búsqueda y luchan por sus derechos. A quienes se han forjado en su quehacer integral, y en los diversos roles adquiridos en plena conciencia.
Estoy atento a las mujeres de hoy que luchan por su identidad, por definir su existencia, por lo que las fortalezca en sus múltiples actividades. Acompaño a las que decidieron sanar sus heridas, provocadas por hombres y mujeres que son parte de su vida. Sé que no existen guías ni fórmulas rápidas que aseguren su bienestar, sin embargo, ofrezco lo que juntos podemos crear, para contribuir a ser la mejor versión de nosotros mismos.
Somos participes de una obra de arte, principio y fin a la vez, luz y sombra, alegría y tristeza, amor y desamor, libertad y esclavitud, masculino y femenino. Somos vulnerables, con oportunidad para establecer relaciones saludables e impulsoras de crecimiento y desarrollo. Soy un ser privilegiado, y mi gratitud hacia las mujeres es infinita.
Aquí y ahora celebro el encuentro con la mujer, porque compartimos sueños, caminos, proyectos, lecciones, heridas, logros y éxitos. Tu vida, mujer, es la prueba fehaciente de que existes para un propósito supremo: ser tú misma. Continuaré caminando junto a las mujeres, pues detrás de cada una existe una historia que la convirtió en la mejor versión de sí misma.
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