“Un amigo es un alma que permanece en dos cuerpos”.
(Diógenes)
Sssssssst, silencio, silencio. Necesito escuchar el latido de mi corazón, el murmullo de su voz y disfrutar de esa charla amena; se impone un momento de quietud, tras vivir una emoción profunda. Así pude asimilar una visita sorpresiva y breve y todo lo vivido en un par de horas. Fue hermoso coincidir y compartir temas tan diversos, viandas y afecto sincero; eso sucede en cada encuentro, que refuerza nuestra amistad.
Hemos creado una red de soporte, una solidaridad que nos cobija y la honestidad que nos caracteriza. No creemos ser el centro u ombligo del Universo; somos personas que nos hemos encontrado en el camino de la búsqueda, del crecimiento y desarrollo personal y profesional. Compartimos una pasión por la lectura, el café y la buena charla. Vivimos momentos maravillosos, acompañados de la música que nos evoca múltiples recuerdos.
En nuestros encuentros siempre impera el entusiasmo y el esfuerzo por fortalecer nuestros lazos. También está presente el deseo de abrevar de la sabiduría que nos aporta cada instante compartido y el anhelo de consolidar el respeto mutuo a nuestra individualidad. Sumamos las palabras que cobran significado en cada idea o frase expresada. Esto se resume en una sola: beneficio, que significa hacer bien las cosas, por sencillas que parezcan, como preparar algún platillo, el café o seleccionar música para acompañar la tertulia.
En cada encuentro reafirmamos nuestra pasión por las lecturas que compartimos, las reflexiones y enseñanzas que nos dejan. Los libros nos permiten habitar la piel de otras personas: sonreír, llorar, reflexionar, imaginar y recordar tantas narrativas, historias y lo que nos despierta la pasión por vivir plenamente.
Algunas lecturas pueden parecer superfluas, sin embargo, cuando nos entregamos a disfrutarlas encontraremos alguna enseñanza; esto, cuando el autor o autora se atrevieron a expresar su sentir y pensar. Cuando dejaron fluir su coraje, libertad y entusiasmo en cada palabra.
Como Diógenes, emprendimos el camino para encontrar la luz, para observar, escuchar y charlar con esa gente sencilla que nos regala su tiempo y sabiduría. Honro a las personas que entregan lo mejor de sí mismas, en una envoltura de regalo diáfana y transparente.
Como seres humanos, estamos sedientos de las palabras que nos apoyan, reconocen, valoraran y validan nuestra existencia. De las que son suaves, que calman nuestro miedo y ansiedad, curan nuestro dolor y acarician el alma. A través del intercambio de palabras nace el diálogo-conversación, se refuerza la pasión, el amor y se da paso a la creación de historias que se transforman en sueños realizados.
Estos momentos de diálogo y conversación nos han permitido conocer y comprender los motivos de alegría, tristeza y pena. Y también hemos llegado a reír, amar, perdonar y sanar nuestra alma. Asimismo, nos dejan lecciones y aprendizajes, para favorecer la vivencia del presente, aunque el pasado y el futuro no se olviden en el desván.
Diógenes dijo: “Tenemos dos oídos y una lengua para que podamos escuchar más y hablar menos”. Por ello es un deleite estar con ustedes cuando conversan, porque disfruto sus encantos en cada palabra expresada, en cada anécdota y en los sueños que acarician. Gracias Luz Elba y María del Pilar.
Cuidaré la luz y reconoceré las sombras, para obtener un regalo de sabiduría.
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