“El silencio es el sol que madura los frutos del alma. No podemos tener una idea exacta del que jamás se calla”. (Maurice Maeterlinck)
Lo que queda al final del día es silencio, soledad y una sensibilidad intensa por las experiencias vividas personal y profesionalmente. Termina el ruido de los autos, los bocinazos de los transportes urbanos, el griterío de la gente, el sonido de sirenas de ambulancias y autos policiacos. El ruido es una compañía natural y cotidiana, que puede interferir con algunas actividades mentales y emocionales, por ello cuando me abandono al silencio tengo la oportunidad de escuchar mis pensamientos, valorar mis lecciones, aprendizajes y agradecer lo recibido en el día.
Mi silencio es enriquecedor, pues reviso lo experimentado durante el día. Por ejemplo, el deambular de personas por la calle, la entrega de los amantes en un abrazo o beso suave, la gente inmersa en la lectura y en el disfrute de un café o bebida refrescante. Todos los sucesos suman una experiencia de vida, se escriben en mí y cobran sentido.
El silencio me resulta útil porque reviso mis avances en el plan de vida; algunos de los elementos que lo integran están fluyendo, otros avanzan más despacio. Recientemente descansé unos días, y disfruté la lluvia, el croar de los sapos, el jardín, las flores y árboles, la charla amena y nutricia acompañados de un par de tazas de café rico y espumeante.
Posteriormente me entregué al silencio para reflexionar, meditar y encontrar un lugar y motivo de agradecimiento por lo acontecido en la jornada, al final del día. Consulté mi cuaderno de notas y encontré esta frase de Maurice Maeterlinck: “El silencio es el sol que madura los frutos del alma. No podemos tener una idea exacta del que jamás se calla”.
El silencio y la soledad son vitales para mí. En mi meditación cotidiana selecciono un lugar tranquilo para entrar en contacto conmigo, y agradecer los dones recibidos. He abrazado el silencio y la soledad innumerables ocasiones, por ello puedo detenerme a redactar una frase, esta columna o escuchar mi música selecta.
Los invito a generar la conexión consigo mismos y con los demás, pues eso nutre nuestra existencia, ya que permanecer desconectado es morir poco a poco en el olvido y sumirse en un marasmo.
Virginia Satir dijo: “Creo que el mejor regalo que puedo recibir de alguien es el ser vista por ellos, escuchada por ellos y tocada por ellos. El mejor regalo que puedo dar es ver, escuchar, comprender y tocar a otra persona. Cuando esto se ha hecho siento que el contacto se ha realizado”.
Lo que queda al final del día es la oportunidad de disfrutar tus avances en el plano personal y profesional, el hacer contacto contigo y agradecer tus contribuciones para los demás, y con ello estimular su crecimiento y desarrollo.
Lo que queda al final del día es la oportunidad de ajustar tu plan personal, abrazarte y agradecerte ese regalo que es la vida. Agradecer y bendecir a todos los que contribuyen a tu bienestar.
Lo que queda al final del día es la oportunidad de vivir plenamente cada instante.
Por un mundo de confianza y esperanza. Buen fin de semana… Colabora 2023
Lea el artículo completo aquí.



