Refúgiate en los reencuentros con seres queridos.
El domingo pasado fue especial, me reencontraré con amigos con quienes alguna vez compartí unos años de mi vida. Fue maravilloso volverlos a estrechar en un abrazo nutricio. La alegría nos envolvía, el recuerdo nos besaba evocando cada experiencia compartida. Después del saludo afable y amoroso tomamos nuestro lugar en la mesa. Degustamos una rica comida, un trozo de pastel de los cumpleañeros de octubre, el cafecito rico y capturamos el momento en fotografías, que dejan constancia de ese bello encuentro.
Cuando todos hablábamos a la vez el espacio se tornó mágico, porque revivimos en la narrativa aquellos momentos y una energía fabulosa nos envolvió. Los recuentos de tantos años se agolparon en cada uno, completando con alguna anécdota la historia que narraba quien asumió la vulnerabilidad, es decir, el primer valiente que expuso sus memorias, aciertos y desaciertos, dolores y amores. Gratitud infinita para cada uno, amistad que perdura a través de tantos años, kilómetros y algunos kilogramos de más.
Risas, risas y alegría acariciaban mi cuerpo. Experimenté un reencuentro sublime de amigos-hermanos que sortearon la alegría de vivir hace ya algunos ayeres. Ralph Waldo Emerson dijo: “El acontecimiento principal de nuestra vida es el día en que encontramos en viejos conocidos una mente que nos sobresalta”.
La conversación se tornó suculenta, porque nadie se quedó sin compartir su pensar y sentir, de forma abierta y libre. Surgieron temas que repasamos y acomodamos, así constatamos que hemos crecido, madurado y aprendido muchas cosas en muestro recorrido por la vida. Pudimos ver las marcas de la experiencia, y mostrar con transparencia y confianza los azares de nuestra vida. También se habló de los divorcios y sus consecuencias; experiencia dolorosa y grandiosa a la vez, vivida por la mayoría de los presentes.
También repasamos temas que nos agitan el alma, nos conmueven e impulsan a prepararnos para realizar las actividades que nos llevarán al crecimiento. Los testimonios compartidos me impulsan e inspiran para crear un mejor plan de vida, y agradecer las aportaciones de cada uno de los presentes, pues me enriquecen aquí y ahora con su búsqueda y vivencias.
Nos comprometimos a crecer, acompañarnos y apoyarnos para sostener nuestra amistad, ese vínculo tan hermoso. En palabras de Rainier María Rilke: “Yo en cambio quiero comprenderte como te comprende la tierra; con mi madurar madura tu reino”.
Transitamos de la seriedad a las bromas que nos hicieron reír libremente. Las horas transcurrieron y la algarabía no cesaba, parecíamos pájaros que viajaban de un árbol a otro, cantaban y volaban agradando a todos los presentes. Cada día es un nuevo encuentro y lo mejor es que nunca es tarde para disfrutarlo, honrarlo y agradecerlo. Celebro haber coincidido después de más de tres décadas; la vida nos dio la oportunidad de reunirnos y compartir con otras personas el cariño, la amistad y hermandad sostenida a través de los años.
Nos encontramos aquí, y sumamos a otras personas que ahora conocen lo compartido allá y entonces. Reforzaremos nuestra memoria con el recuento de anécdotas ocurridas en varios lugares y con diversas personas. Solo nos hizo falta nuestro gran amigo Arturo, que andará por allá en su ciudad natal guardando a las momias.
Gracias Celina por la convocatoria, a tus hermanas, hermano, a Gustavo que vino de lejos, al imponderable Pascual y su versatilidad en la charla cotidiana y, por supuesto, a María del Pilar, quien expresó: “Qué maravilloso reunirse y platicar tan libremente de sus experiencias con tremenda naturalidad, sin miedo a ser vulnerable. Me gusta ser partícipe de este encuentro”. Este encuentro da material suficiente para otra entrega.
Un abrazo. Que sea un buen fin de semana.
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