La redacción de este artículo estuvo influida por el poema Serenata, de Ludwig Rellstab, y a la vez acompañada de Serenade, tema musical de Schubert, quien se inspiró en dicho poema. El texto me dio pauta para abordar el amor y desamor experimentado por algunas parejas, y el motivo por el que cada integrante decide marcharse por su camino. Acompañé a una pareja en este proceso; ambos charlaban sobre sus recuerdos, que fluían como el agua de un río, de besos sorpresa, caricias libres y abrazos ardientes que envolvían sus cuerpos tersos y sensibles, y del tiempo que disfrutaron plenamente sus encuentros. Aunque el amor no se acabó, en la separación insidió el miedo a los convencionalismos y experiencias vividas antaño, que dejaron heridas.
Las necesidades insatisfechas y las carencias socavaron al amor, lo hirieron fuertemente, y así revivió el miedo al abandono, rechazo y violencia. Las heridas se manifestaron de nuevo, y la distancia emocional cobró sentido con el silencio, tensó los ánimos y sumergió en un rincón del desván el deseo de lucha por ese amor guardado.
¿Surgió el miedo al amor? ¿Dónde quedaron los momentos pletóricos de pasión y entrega, de dicha y humor, de charlas profundas sobre sueños por vivir? ¿Y los acuerdos sobre lo que se haría para mantener el amor? ¿Cómo sostener la relación ante los embates del entorno? ¿Pudieron más los convencionalismos, que los objetivos y metas trazadas para crear la pareja soñada?
Ellos tejieron varias historias, reunieron a algunos compañeros y amigos testigos de la evolución de su relación hasta que terminó. Cerrar el ciclo es pertinente, porque permite agradecer lo recibido en cada instante. Las emociones y sentimientos se envolvieron para nutrir esa relación deseada y permitieron a cada uno ofrecer lo mejor de sí.
Cada paso está registrado en fotografías, las imágenes reflejan el estado de ánimo de la pareja, lugares visitados, experiencias vividas y personas que la acompañaron. Llegó el momento en que la distancia hizo estragos, se tornó inmensa, el abismo fue imposible de llenar. ¿Dónde quedó la ternura y dulzura de esos encuentros? Aparecieron los escalofríos y el malestar, porque no se reunieron los elementos que aseguraran la dicha permanente.
La pareja podrá recordar, en retrospectiva, lo que la impulsó a atreverse o arriesgarse a vivir momentos de ensueño. Cada experiencia placentera o dolorosa quedó marcada en la piel, y dejó huellas agradables o heridas, que permanecerán el tiempo que cada uno decida mantener atrapado. Vivieron amor y placer, pero también los momentos desagradables de ansiedad, incertidumbre y fragilidad quedaron impresos en el corazón, todo en un entorno no lineal.
Esa pareja se fue diluyendo con el tiempo, la distancia y el silencio. Desde el inicio de la relación vivieron lo inaudito, ahora su mundo estará de luto por el tiempo que requiera para elaborar su duelo. Su álbum digital está roto, ya no existen más encuentros y momentos que fortalezcan la relación deseada.
Una tarde se dijeron adiós, con un abrazo definitivo. Sobraron las palabras, pues su conexión hizo innecesario hablar de lo que sentían. Recuerdo esta estrofa de Amor eterno, canción de Rodrigo Rojas: “Es difícil comprender, que a veces sea lo mejor. Que un par de almas para crecer deban decirse adiós. Juro que me acordaré de tu forma de mirar y en otras nuestras pupilas se reconocerán”.
Tuvieron lo necesario para estar contentos con lo suyo, aunque no todas las parejas tienen la oportunidad de vivir a plenitud el amor que tenían para darse y no desear más. Vivir sin culpa ni prisa, y mantener una relación para disfrutar a la sombra de la dicha y ternura infinitas. Carpe diem, es decir, vivir el momento.
Por un mundo de confianza y esperanza.
Buen fin de semana… Colabora 2023
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