“El cuerpo y la mente son universos paralelos, todo lo que sucede en uno deja huella en otro” (Deepak Chopra).
Aun en nuestros días, hay quien piensa que el dar mantenimiento a la salud mental no tiene tanta prioridad como la salud física y en el peor de los casos, se cree que quien acude a profesionales de la psicología o psiquiatría es porque en definitiva a perdido el juicio.
No obstante, cada vez se incrementa de manera exponencial la evidencia científica de la importancia de mantener una salud integral, ya que el desbalance en cualquiera de las dimensiones y/o facetas del ser humano impactará a las demás en cierto grado y por ende influirá en la plenitud del individuo.
Se ha mencionado en sinnúmero de veces y cada vez más frecuente la importancia de la salud mental, de ser conscientes de los pensamientos y emociones que experimentamos día con día ya que aquellos a los que “les demos poder” en consecuencia se materializan en el plano físico.
Cuando no se da atención a la salud mental, cuando no se expresa o se aprende a gestionar las emociones, cuando no se tienen estrategias para regular el estrés que se genera por el día a día, se puede llegar a manifestar un fenómeno conocido como somatización.
La somatización, de acuerdo con diversas fuentes, es la aparición de síntomas físicos derivados de un alto grado de estrés, angustia emocional o trastornos mentales que pudieran vincularse a una enfermedad física pero que no necesariamente esta es la causa, sin embargo, si poseen la capacidad de obstaculizar el desempeño del individuo en cada área de su vida.
Todo ser viviente está expuesto a un abanico amplio de factores presentes en el ambiente y en función de la intensidad y el tiempo en el que se vea expuesto a cada uno de ellos, generará varias respuestas con la finalidad de garantizar su correcto funcionamiento.
Entendamos que estrés, hablando propiamente desde el punto de vista biológico, es el estado en el cual un organismo en particular ve desafiada su condición de equilibrio y pondrá en marcha una serie de mecanismos de respuesta para defenderse y nuevamente recobrar su armonía; sin embargo, las respuestas que cada individuo manifieste pueden llegar a ser diferentes y con respecto a la salud mental, el ritmo de vida actual no permite o es poco el tiempo que se dispone e importancia que se le da al procesamiento y canalización adecuada de nuestras emociones, sentimientos y pensamientos.
Por tanto, una gestión deficiente de la salud mental puede ocasionar dolencias físicas. Todos somatizamos, por ejemplo, cuando estamos nerviosos puede que sintamos malestar estomacal, si estamos estresados podemos experimentar un dolor de cabeza o si vivimos una situación intensa (sea positiva o negativa) podemos reír o llorar: Hay una respuesta ante un estímulo.
El detalle está que en el momento en el que se conjugan estrés, emociones y/o trastornos mentales entre ellos pueden retroalimentarse y potenciar la incomodidad física. ¿Cómo estar seguros de que lo que experimenta el paciente no es una enfermedad con causa física sino derivada del estrés y su interacción con las emociones?
Primero que nada, se debe saber que en el caso de la sintomatología derivada de un deterioro de la salud mental no puede ser fingida y es involuntaria pero con el debido tratamiento pueden mejorar la salud de los pacientes.
Los pasos a seguir para estar completamente seguros de que se trata meramente de somatización, es descartar que el origen de dicha sintomatología sea orgánica, es decir, procedente de alguna enfermedad física, remitir al paciente con profesionales de la salud mental, darle un seguimiento regular para asegurar su evolución favorable y no minimizar su condición sino darle la atención y acompañamiento apropiado para que eventualmente recupere su salud integral, lo cual será evidente cuando paulatinamente se vaya desarrollando en cada faceta de su vida con soltura y plenitud.
Buen fin de semana.
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