“Preparen el camino del Señor en el desierto”.
Isaías 40,1-5.9-11
2 Pedro 3,8-14
Marcos 1,1-8
En este segundo domingo de Adviento la palabra de Dios vuelve a resonar en nuestros corazones, ofreciéndonos sugerencias muy prácticas en orden a continuar nuestra preparación para la gran Solemnidad de la Navidad.
El texto de Isaías nos recuerda, a partir de las bellas imágenes geográficas (caminos, valles, montes, colinas, etc.), que en este Adviento debemos cambiar situaciones o actitudes personales que no van de acuerdo con los criterios del Señor. Así, por ejemplo, la baja autoestima, los estados de ánimo depresivos, la soberbia, los caminos equivocados, las asperezas en las relaciones interpersonales: “que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane”. Dios, que nos tiene mucha paciencia, nos invita al arrepentimiento (segunda lectura) y a trabajar aquellas actitudes y virtudes contrarias a nuestros defectos o pecados.
El apóstol san Pedro nos exhorta, además, a la santidad de vida y a una entrega generosa en el servicio a nuestro prójimo: “Piensen con cuánta santidad y entrega deben vivir ustedes esperando y apresurando el advenimiento del día del Señor…”. El empeño por ser hombres y mujeres de paz, así como el llevar una vida intachable, son aspectos que no hay que perder de vista en nuestro camino de Adviento.
La gran figura de Juan el Bautista, el Precursor de Cristo, aparece ya desde este domingo (evangelio) ayudándonos en nuestro itinerario hacia la Navidad. Su estilo de vida y su predicación son un fuerte cuestionamiento para todo creyente que busca agradar a Dios y llevar una vida de radicalidad evangélica. En efecto, Juan Bautista fue una persona pobre y austera, recordemos cómo vestía y cuál era su alimento: “Juan usaba un vestido de pelo de camello, ceñido con un cinturón de cuero y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre”. Asimismo, al expresar que no era digno ni siquiera de desatarle al Señor la correa de sus sandalias, manifestaba con ello la grandeza de su humildad, digna de todo elogio y admiración.
Les invito, hermanos y hermanas, a que en la eucaristía de este domingo nos comprometamos con el Señor a realizar ese importante trabajo interior que, con frecuencia, no le ponemos atención, por ejemplo: nuestros estados de ánimo, nuestras actitudes, apegos y decisiones del corazón que no nos dejan crecer. De esta manera avanzaremos con más seguridad por el camino del Adviento que nos lleva al Nacimiento del Redentor. Así sea.
¡Que tengan un excelente domingo!
Monseñor Ruy Rendón Leal. Arzobispo de Hermosillo.
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