“No voy en tren, voy en avión…” Así dice una de las canciones que más me gusta de Charly García, cantautor argentino, loco, músico y genio. Me gustó esta canción para hablar de trenes, pero en particular del tren Interoceánico.
Me gustan los trenes, he tenido la suerte de viajar en ellos desde niño y mucho antes de subirme a uno de esos gigantes metálicos de pequeño en un pueblo en Michoacán me gustaba verlos pasar y buscar entre las vías unas piedras redondas que eran perfectas para las resorteras que eran nuestras inseparables compañeras.
Tiempo después, siendo todavía menor viajé en tren por primera vez, fue muy emociónate, desde la llegada a la estación, la vista de las vías, abordar el vagón de pasajeros y la gran emoción que me dio el enterarme que había un carro comedor, en mi mente era fascinante imaginar un restaurante completo adentro de un vagón del ferrocarril, como me hacía ilusión comer lo que fuera mientras el tren avanzaba. Como el viaje sería largo abordamos mi madre y mis hermanos un camarote, de esos que los asientos se vuelven camas, todo parecía seguir mis sentimientos emocionados en camino correcto, pero poco a poco las desilusiones se vinieron en cascada, en primer lugar mi madre decidió que nadie debería salir del camarote en todo lo que durara del viaje, en ese momento la ilusión de conocer el restaurante móvil se rompió, pronto llegó la hora de dormir y las pequeñas camas que resultaron los asientos fueron bastante incómodas, así como el largo, muy largo tiempo que duró el viaje, mucho más lento y tardado que un autobús tradicional.
Toda la magia que soñé con los trenes en ese momento me dejó con un mal sabor de boca, pero contradictoriamente quedé con esa curiosa emoción despertada por los mismos, afortunadamente el tiempo que encargaría de poner las cosas, los trenes, las vías y los recuerdos en su lugar.
México está viviendo un momento de trenes, no sólo el Maya, también en Sonora se vive un momento que puede resultar interesante, pero lo que me parece que es una gran oportunidad que marcará un antes y un después en el comercio es el llamado tren interoceánico, que une nada menos que el Océano Pacifico con el Golfo de México, así es, por fin después de muchos años y años de soñar con nuestro propio Canal de Panamá, contamos con nuestra ruta comercial, que tiene un recorrido de 8 horas y una capacidad de carga diaria de 5 mil 200 toneladas en 65 vagones y 260 contenedores.
Durante años se habló en México de un proyecto así, ahora se ha inaugurado, creo porque conozco el Canal de Panamá que es y será una gran alternativa comercial que servirá para generar empleo y atraer inversiones al sur del País.
Estamos viviendo un momento de vías férreas, aprovechémoslo bien y por lo menos en el interoceánico vamos a bajarnos del avión y subirnos al tren.
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