En un giro sorprendente, la Antártida, que en algún momento pareció escapar del deshielo, está enfrentando ahora una situación crítica. En tan solo un año, su área helada ha disminuido de manera equivalente a la extensión de Argentina.
A pesar de que a menudo se ha pensado que el cambio climático impacta más en el Ártico que en la Antártida, los últimos años han revelado una tendencia preocupante en la región antártica. La capa de hielo que solía ser perenne está sufriendo una disminución alarmante.
La extensión del hielo marino antártico, que cubre el océano alrededor del continente polar, ha alcanzado mínimos históricos en este último año. Los registros de los últimos 45 años nunca habían demostrado tal retroceso, tanto en su punto más bajo durante febrero como en la etapa actual del año.
Aunque el impacto del hielo marino en el nivel del mar es limitado, su pérdida desencadena una retroalimentación preocupante. El hielo tiene un alto albedo, lo que significa que refleja la radiación solar en mayor medida que el agua. Cuando el hielo se derrite, el agua absorbe más calor, lo que a su vez acelera el derretimiento del hielo circundante.
Este retroceso de la capa helada en la Antártida puede tener efectos significativos en la temperatura global y en eventos climáticos extremos. A medida que el calentamiento planetario continúa, las zonas heladas del planeta continúan perdiendo su cobertura de hielo y nieve. La perspectiva de un cambio permanente en la extensión de la superficie helada es preocupante y plantea preguntas sobre el futuro de nuestro planeta.
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