Terremotos y erupciones pueden venir casi en cadena en los próximos años, advirtió Matthew Blackett, investigador de la Universidad de Coventry en Inglaterra.
El especialista en geografía física y peligros naturales señaló que los efectos del cambio climático están llegando a su punto más crítico y que algunos hallazgos científicos sugieren que los efectos también están sucediendo debajo del planeta.
Evidencia de ello son el aumento en las tasas de precipitación en unos puntos y la sequía en otros; así como el descongelamiento de glaciares, compartió el académico en “The Conversation”.
Entre las tasas de precipitación y la actividad sísmica hay una relación. En los Himalayas, por ejemplo, el ciclo anual de precipitaciones de la temporada de monzones en verano influye en la frecuencia de terremotos.
Por lo anterior, casi el 16 por ciento de terremotos ocurren en la temporada de monzones y cerca del 46 por ciento suceden en los meses secos previos.
Otros estudios anticipan que el Suroeste de Asia tendrá un incremento en sus precipitaciones monzónicas, lo cual reforzaría el rebote invernal incrementando las posibilidades de efectos sísmicos.
El descongelamiento de glaciares es otro punto. La preocupación es que el derretimiento continuo del hielo glaciar (de la actualidad) podría resultar en efectos similares en cualquier lugar, sin importar los antecedentes de fenómenos naturales similares.
Erupciones volcánicas
El descongelamiento, que conlleva pérdida de peso en la superficie de la Tierra, permite que ocurra un proceso llamado derretimiento por descompresión. Consiste en que la baja presión facilita el derretimiento del manto, resultando en la formación de magma líquido que impulsa la subsecuente actividad volcánica en Islandia.
Por lo tanto, es factible que el retroceso en curso de los glaciares debido al calentamiento global pueda incrementar la actividad volcánica en el futuro, señalan los expertos.
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Esta semana que termina, pero del año pasado, en el sur había llovido en 5 días el 87% de la precipitación media que ocurre en el año ordinariamente; y entre 21 y 21 de agosto llovió en Hermosillo lo de 6 meses según reportes de la Comisión Nacional del Agua.
Pero entonces también nos advirtieron: “es un fenómeno que ocurre cada 10 o 12 años”, pero los sonorenses, especialmente en la capital, andaban tan contentos que no leyeron las letras chiquitas.
La zona Sur del estado estaba en emergencia, con el colapso del puente Noche Buena, puente San Ramón y el punto crítico, el puente Douglas. Justo entonces se dio a conocer la obra de un muro de contención de la presa Punta de Agua y la construcción definitiva del bordo de Ortiz para evitar inundaciones graves en la zona de Empalme.
Entre buenas y malas noticias, hoy no hay emergencias y afortunadamente no ha habido evacuaciones, pero necesitamos un poco de lluvia, solo la necesaria. Este fin de semana el pronóstico de los efectos del huracán Hillary en la entidad fueron una esperanza.
A propósito, ¿Alguien sabe qué ha pasado con el bombardeo de nubes?




