En el mundo del espectáculo, donde el ruido y la especulación fácil suelen buscar reflectores a costa ajena, el nogalense David Zepeda ha vuelto a demostrar de qué madera está hecho el carácter del norte: temple, serenidad y la frente siempre en alto.
La reciente polémica resurgió a raíz de un comentario al aire en Ventaneando, donde Pedro Sola soltó una afirmación sobre la vida privada y la orientación del actor. Lejos de engancharse en controversias estériles o escándalos de banqueta, la postura de Zepeda refleja la madurez de un sonorense que ha construido su trayectoria a base de disciplina, estudio y trabajo duro, desde sus inicios como abogado egresado de la Universidad de Sonora hasta consolidarse como uno de los galanes protagónicos más sólidos de la televisión internacional.
Frente a los rumores que a lo largo de los años han intentado asociarlo sentimentalmente con colegas del medio, David ha sido claro, impecable y respetuoso: ha reiterado su heterosexualidad con firmeza, dejando en claro que el respeto a la diversidad jamás debe confundirse con aceptar versiones inventadas. Su largo y público noviazgo con Lina Radwan y su total entrega a los escenarios hablan por sí solos.
Mientras en los foros de la capital se alimentan del chisme de pasillo, el orgullo de Nogales sigue enfocado en lo suyo: trabajar, sumar proyectos y representar a Sonora con la gallardía y el profesionalismo que lo caracterizan. Las palabras se las lleva el viento, pero la trayectoria se defiende con hechos.




