Lugareños cuentan en sus redes sociales la historia de este orejudo que fue abandonado a su suerte, pero en medio de su propia tragedia quizá como una distracción nata, comenzó a juguetear con las tortugas que van saliendo de sus huevecillos.
De pronto se le vio ayudándolas a llegar al mar sanas y salvas cargándolas en el ocico como hacen las mamás perrunas con sus cachorros, la sabia naturaleza en un mundo donde no hay lugar para la maldad, sólo la supervivencia.
“Si alguna de ellas cae o se voltea él las levanta las empuja o las lleva entre su hocico al mar, aleja las gaviotas que quieren llevarse a las pequeñas, recorre la playa patrullando y al final del día… disfruta el atardecer” cuentan.
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/Vía Imágenes históricas




