Ahora me permito hacer pausas, para disfrutar cada instante.
El primer viaje inició en un llano, que tiene su historia, de hombres y mujeres comprometidos con su evolución y transformación. He sido testigo de los cambios derivados de múltiples necesidades. Recorrí varios espacios y descubrí en ellos motivos suficientes para correr al encuentro de lecciones y aprendizajes, que son promotores del crecimiento personal y profesional.
Conocí personas que fueron significativas en mi historia personal, por sus aportes cotidianos, historia, sueños y logros. Ellas plasmaron sus imágenes y acciones en mi memoria, lo que me ha permitido valorar y validar sus aportes a la comunidad familiar y social. Recorrí calles, conocí lugares emblemáticos y personas que forman y continúan en la memoria colectiva. Recuerdo los olores del otoño, los colores de las casas, lugares comerciales que visité algunas veces, las escuelas y los compañeros de clase, y a los docentes que captaron mi atención e influyeron en mi decisión de ser lo que soy, aquí y ahora.
Recuerdo las aulas, me dejaron muchas vivencias; hubo momentos llenos de alegría. Tengo presentes las travesuras de mis compañeros; los dibujos de automóviles clásicos, que admiré y copié de uno de mis condiscípulos. Los juegos de pelota, las caídas y raspones en codos y rodillas, el pantalón roto y beber agua de la toma directa. Correr de un lado a otro, jugar a diferentes cosas y terminar exhaustos para volver a clase. Acabábamos sudados, pero contentos por realizar dichas actividades; disfrutábamos esa energía infantil maravillosa.
Tuve maestros que me despertaron la inquietud por la lectura, poesía y el teatro. Recuerdo las participaciones de fin de cursos, la entrega de boletas de calificaciones con la leyenda: promovido. Tenía buena memoria para aprender las obras a exponer ante compañeros, padres de familia e invitados especiales. Los ensayos para asegurar que todo fuese “excelente”. Los proyectos que estimulaban nuestro desempeño escolar, la visita a la radio XEFH, para conocer nuestros sueños y participar en un concurso. ¡Qué maravilla!
Por supuesto, recuerdo mis experiencias laborales; en una gasolinera, donde en lugar de limpiar los cristales los ensuciaba más. También trabajé en una tortillería, donde fui consentido por las señoras que preparan la carne para los tamales; era una delicia degustar ese manjar. En una ferretería auxiliaba al responsable del área a mantener en orden el almacén. En una oficina registraba actas en un libro, porque mi letra era clara y bien legible. Wow, tuve un sinfín de experiencias y aprendizajes, y conocí a lindas personas que me brindaron tiempo y enseñanza.
El “amor infantil” fue una experiencia hermosa; esa primera distracción se reflejó en mi rendimiento escolar. Tengo recuerdos claros del momento en que suspiré al ver llegar a Aurora a clase por primera vez. Quedé totalmente cautivado por su rostro, vestido, calcetas y moño rosa. La recuerdo con mucho cariño, aunque ella nunca conoció mis emociones y sentimientos; celebro lo que me hizo sentir y escribir. Los años no han borrado ese hermoso regalo de la vida.
Después hice otros viajes que me condujeron a varios lugares, y me brindaron experiencias y aprendizajes, me despertaron emociones y sentimientos. Otros momentos e historias que me han permitido crecer. Por eso, ahora me permito hacer pausas, para disfrutar cada instante y celebrar el regalo de mi historia a través de la memoria. Me quedo con múltiples paisajes humanos y de lugares que me evocan recuerdos hermosos.
También recuerdo algunas lecturas que estimularon más mi interés por escribir: La vida inútil de Pito Pérez (José Rubén Romero); Pepe el pensador (Miguel Méndez Méndez); El gatopardo (G. Tomassi Lampedusa); Juan XXIII (Angello G Roncali), Juan Pablo II (Karol Wojtyla) Jorge Bergoglio; El cultivo de tu fregonería (Enrique Canales); El asesinato de Sócrates (Marcos Chicot) y La caverna (Platón), entre muchos otros. Disfruta la lectura.
Que sea un buen fin de semana.
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