El sueño, explicado desde un enfoque biológico, es un proceso biológico en el cual se reduce la conciencia y la posibilidad de responder ante estímulos; es una necesidad básica de todos los seres humanos ya que, a través de él, nos es posible rejuvenecer, descansar, restaurar y aumentar la claridad de la mente para poder afrontar los retos de cada nuevo día, por lo tanto, es de suma importancia dentro de lo posible asegurarnos de cubrir el mínimo de horas de descanso recomendado ya que el hacer caso omiso de ello puede derivarse en patologías diversas.
Así como se ha estudiado la importancia del efecto del sueño en el equilibrio y bienestar del ser humano, también se han explorado diversas alteraciones o trastornos del sueño como la narcolepsia.
La narcolepsia es un trastorno neurológico que altera la capacidad del cerebro para regular los ciclos de sueño y vigilia provocando episodios repentinos e incontrolables de somnolencia.
Las personas que presentan este trastorno del sueño pueden sentirse desorientadas y frustradas ya que pueden encontrarse realizando cualquiera de sus actividades diarias y experimentar de un momento a otro una sensación de agotamiento abrumadora por lo que se convierte en un reto el sobrellevar esta condición.
La narcolepsia se caracteriza por somnolencia diurna excesiva y en ocasiones suele venir acompañada por otros síntomas tales como pérdida repentina del tono muscular (cataplejía), alucinaciones vívidas durante el inicio del sueño o al despertar e incapacidad temporal para moverse o hablar al dormirse o despertarse (parálisis del sueño).
La incidencia de casos se considera similar para ambos sexos aunque algunos estudios sugieren que los varones son más propensos a manifestar este trastorno del sueño.
En el caso particular de México, se estima que 1 de cada 2,000 habitantes manifiesta narcolepsia del tipo 1 (acompañada por cataplejía). La causa exacta de la narcolepsia no se conoce del todo, pero se cree que implica una combinación de factores genéticos, ambientales e inmunológicos.
Entre los diferentes factores que influyen en el desarrollo de la narcolepsia resalta la deficiencia de hipocretina, un neurotransmisor que se produce por un grupo de neuronas del hipotálamo (una región del cerebro), que desempeña un papel crucial en la regulación de diversas funciones fisiológicas, entre ellas el sueño y la vigilia; se ha reportado que personas con narcolepsia, suelen manifestar una reducción significativa o una ausencia total de hipocretina en el líquido cefalorraquídeo.
Las causas de la deficiencia de hipocretina no han sido de momento dilucidadas, no obstante, entre las hipótesis que se ponen sobre la mesa, se sugiere que puede deberse a una respuesta inmunitaria; esto es que el propio sistema inmunológico erróneamente elimina las células involucradas en la síntesis de hipocretina.
Por otro lado, hay estudios que señalan que hay componentes genéticos que hacen que las personas sean más susceptibles a desarrollar narcolepsia, sin embargo, el hecho de tener predisposición a ello no necesariamente significa que el trastorno se vaya a presentar.
En relación con factores ambientales, ciertas infecciones se han asociado con el desarrollo de narcolepsia como la que se origina por exposición al virus de la influenza H1N1.
Para poder afirmar que se padece este trastorno del sueño, es importante asesorarse con neurólogos quienes realizaran un análisis del historial médico detallado y estudios del sueño especializados como un polisomnografía y una prueba de latencia múltiple del sueño para confirmar la presencia de síntomas.
Una vez hecho el diagnóstico, de resultar positivo, el paciente deberá realizar ajustes en sus hábitos como establecer rutinas de sueño constantes, evitar las actividades que priven o afecten del sueño, crear un entorno adecuado para garantizar el descanso y tomar la medicación pertinente para auxiliarle a alcanzar un nivel de calidad de vida adecuado.
Buen fin de semana.
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