Los cubanos del oriente de la isla vivieron una de las noches más duras que recuerdan entre el martes y la madrugada del miércoles, cuando el huracán “Melissa” golpeó con fuerza sus vidas ya afectadas por la crisis económica, de energía y salud. La tormenta de categoría 3 impactó principalmente en las provincias de Santiago de Cuba, Granma, Camagüey, Las Tunas, Guantánamo y Holguín, con vientos de hasta 195 kilómetros por hora.
“El huracán nos hizo sufrir más de lo esperado”, contó Beatriz Vaillant, una periodista de Santiago, quien recordó los gritos de sus vecinos atrapados por el agua, los techos volando y los árboles cayendo.
El fenómeno tocó tierra en Chivirico, Santiago de Cuba, y aunque perdió fuerza al cruzar la Sierra Maestra, siguió causando estragos hasta salir por Banes como categoría 2. A nivel regional, Melissa ha dejado al menos 49 muertos en el Caribe: 40 en Haití, 8 en Jamaica y 1 en República Dominicana, además de varios desaparecidos.
En Cuba, más de 735 mil personas fueron evacuadas y se reportan daños graves en viviendas, carreteras, hospitales y escuelas. Las provincias orientales sufrieron derrumbes, caminos bloqueados y cortes de energía que afectaron a todo el país.
Las imágenes compartidas por redes sociales muestran la magnitud del desastre: casas inundadas, árboles arrancados de raíz y severos daños en la Universidad de Oriente y el Hospital Juan Bruno Zayas.
En Cayo Granma, un pequeño islote frente a Santiago, decenas de familias decidieron quedarse pese al riesgo, temiendo perder lo poco que tienen. “La marea subió mucho, hay techos caídos y postes derribados”, relató Lisette Murguía, quien vivió el paso del huracán allí.
En medio del caos, muchos cubanos recurrieron a su fe para pedir protección. Como la madre de Lisette, que ofreció flores y oraciones a los santos yoruba por la vida de su hija y de todos los afectados.