El escándalo comenzó con el video “El monstruo roto” publicado por Dross en su canal, donde narró el testimonio de una mujer que acusaba a una psiquiatra de abusos graves durante un tratamiento recibido entre 2017 y 2021. El caso rápidamente se viralizó y encendió el debate en redes sobre salud mental, ejercicio profesional y la responsabilidad de los creadores de contenido al tratar denuncias tan delicadas.
Poco después de su publicación, Dross eliminó el video al darse cuenta de que aparecía una receta médica donde se alcanzaban a ver el nombre y la firma de la supuesta psiquiatra. Esto derivó en un reclamo directo por parte de ella. Aun así, usuarios en redes identificaron a la doctora y detectaron que no figuraba en el Registro Nacional de Profesionistas, lo que hizo crecer aún más la polémica.
La situación escaló cuando Dross recibió una carta de los abogados de la psiquiatra, donde lo acusaban de filtrar datos personales, ejercer violencia digital y lo amenazaban con una demanda millonaria. En respuesta, el youtuber publicó un segundo video asegurando que ofreció derecho de réplica a la doctora, pero que ella lo rechazó y optó por la vía legal.
El caso llamó la atención de otros creadores de contenido, pero quien más se involucró fue MrDoctor, quien acusó a Dross de mentir e invitó a la psiquiatra a contar su versión. En esa entrevista, la doctora admitió que durante los años señalados no contaba con certificación ni cédula profesional para ejercer como psiquiatra o paidopsiquiatra, aunque argumentó que sí tenía conocimientos en el área.
También se reveló que la especialidad la obtuvo hasta 2025 y que no había tramitado su cédula por motivos económicos. A pesar de esto, MrDoctor defendió a la doctora y a la clínica, lo que provocó una fuerte reacción negativa entre sus seguidores, quienes lo acusaron de tener un doble discurso, ya que antes había criticado a otros médicos por ejercer sin cédula.
El conflicto entre Dross, Mr Doctor y la psiquiatra sigue abierto y ya se mueve en el terreno legal y mediático. El caso dejó al descubierto los límites entre denunciar, informar y convertir una situación de salud mental en un espectáculo viral.