La reapertura del Estadio Azteca no solo marcó el regreso de uno de los recintos más emblemáticos del futbol, también dejó ver una mezcla de emociones entre lo renovado y lo que aún está pendiente.
Desde la llegada, la experiencia parecía bien organizada. El acceso al estadio fue fluido y con presencia de seguridad, lo que permitió un ingreso más ordenado de lo habitual. Sin embargo, conforme avanzaba la experiencia, comenzaron a notarse algunas fallas.
Uno de los principales problemas fue la conectividad. Dentro del estadio, la señal telefónica prácticamente desaparecía, complicando incluso el acceso a boletos digitales y generando retrasos en los accesos.
Aunque los filtros de seguridad funcionaron con rapidez, también hubo señalamientos por ciertos métodos de revisión que generaron incomodidad entre asistentes.
Ya en el interior, el recinto mantiene su esencia, pero con contrastes evidentes. Mientras algunas zonas cuentan con mejoras visibles como pantallas, sonido renovado y áreas más modernas, en otras aún se perciben trabajos inconclusos, detalles en infraestructura y servicios básicos que no están completamente listos.
Uno de los cambios más destacados fue la cancha, que ahora cuenta con tecnología híbrida, elevando su nivel a estándares internacionales. Sin embargo, en áreas como los baños y asientos, la experiencia no fue del todo favorable para los asistentes.
En cuanto al partido, la Selección Mexicana y Portugal empataron sin goles, en un encuentro que reflejó el ambiente general: sin grandes emociones. El espectáculo de medio tiempo fue lo que realmente logró encender al público.
Otro punto que generó comentarios fue el costo de alimentos y bebidas dentro del estadio, con precios elevados que hicieron que consumir durante el evento resultara poco accesible para muchos.
Si bien la entrada al estadio fue ordenada, la salida fue todo lo contrario. La falta de transporte y la desorganización provocaron complicaciones para los asistentes, quienes tuvieron que recorrer largas distancias para regresar a casa.
La reapertura dejó claro que, aunque el estadio avanza en su modernización rumbo al Copa del Mundo 2026, todavía hay aspectos importantes por resolver, especialmente en conectividad, logística y servicios básicos.
El regreso del Azteca emociona, pero también deja en evidencia que aún hay trabajo por hacer para ofrecer una experiencia a la altura de un evento mundial.




