A muchos nos gusta pensar que los “Funcionarios Públicos”, son nuestros empleados ya que viven del sueldo que nosotros le pagamos, pero más aún, quienes quieren ser nuestros empleados hacen un listado de cosas que proponen va a hacer para “servirnos” mejor, nos presentan sus currículos y tratan de convencernos que son los mejores para hacer el trabajo que como mexicanos estamos ofreciendo.
Algunos aspirantes a trabajar para nosotros incluso lo han intentado por años y años, para finalmente lograrlo y hacer todo lo contrario que nos prometieron que harían para ganarse el sustento que les pagamos entre todos.
Voy a poner un ejemplo, vamos a imaginar que tengo un carro que necesita ir al taller mecánico, para lo cual entrevisto a varias personas, que me tratan de convencer que son ellos los que mejor van a reparar mi vehículo, después de escucharlos a todos, de comparar sus habilidades como profesionales de la mecánica, tomo una decisión y llevo mi carro al taller que más me convenció, por sus aptitudes, por sus capacidades, incluso pude tomar la decisión simplemente porque el mecánico me pareció simpático, me dio la impresión de que era una buena persona.
Al entregarle mi auto, el mecánico cambia totalmente de actitud, me insulta, me grita, me increpa, me señala como un mal conductor, como un mal ciudadano, como un mal mexicano, retiene mi auto en su taller y se niega a repararlo, ya le he pagado por el servicio y le sigo pagando, si no le pago, incluso por no hacer nada me envía a la Policía para que me obligue a seguirle pagando, pero además me sigue insultando, que no me va a arreglar el carro, me grita y que si quiero me ponga a “vender calzones”, porque no puedo dejar de pagarle.
Un día me armo de valor para recuperar lo que es mío, quiero retirar mi automóvil de ese taller, pero la Policía se niega a entregármelo, el mecánico es ahora no sólo dueño del auto, yo soy señalado como presunto delincuente, he perdido el automóvil, los policías me llevan preso y debo seguir pagando por un servicio que nunca voy a recibir, además el mecánico me sigue insultando, que si tengo problema con vender calzones que me los quite, sigue diciendo, quien no hace mucho tiempo, me suplicaba por darme el mejor de los servicios.
Presento el mejor manual para ser un mal funcionario y no morir en el intento: 1.- Insulte a su jefe, que es el pueblo; 2.- Haga todo lo contrario para lo que fue contratado y 3.- Sólo sea leal a su superior jerárquico, que dicho sea de paso también es empleado del pueblo.
No hace falta decir nombres, me parece que todo ha quedado más que claro.
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