HERMOSILLO, Sonora.- El destino insistió en que Miguel Ángel Tamayo Chocoza dedicara su vida a la docencia y él, contrario a los personajes griegos que enseña en sus clases de lectura, optó por no desafiar el curso predeterminado de la historia.
Desde nacer en el seno de una familia de maestros hasta ofrecer clases a sus amigos de la infancia en su barrio natal de Villa de Seris, tras casi 47 años de enseñanza, el maestro festejará este 15 de mayo recordando a las personas que lo motivaron en primer lugar: Sus propios profesores.
“Siempre le gustó la materia de Español, me gustaba cómo los maestros de secundaria daban la clase, siempre motivándonos a leer y participar y me propuse a ser como ellos”, recordó.
“Tenía en secundaria un maestro que payaseaba y se vestía como El Quijote para motivarnos a leer”, dijo, “lo veía y decía que quería ser como él”.
Yo creo que un maestro que hace monótona la clase, no pertenece a este medio, yo creo que hay que trabajar todos los días para hacer algo diferente y atractivo para los muchachos, que tengan ganas de venir a clases”, agregó.
La convicción de enseñar Español nunca abandonó sus sueños, ni siquiera cuando, tras egresar de la Escuela Normal del Estado en 1972, fue enviado a un ejido en el área rural de Álamos al que sólo se podía llegar en caballo y que, para colmo, había sido golpeado por un desastre natural.
Recibió su cambio a Empalme y después de dos años regresó a Hermosillo para dar clases en la escuela primaria “Tierra y Libertad”, en el Choyal, y también acudió a la Ciudad de México para especializarse en la materia de enseñanza de español.
EXCELENTES ALUMNOS
A partir de 1981, la escuela secundaria número 6, ubicada en Las Isabeles, se convertiría en el hogar profesional permanente del maestro, donde cumpliría la mayoría de sus hazañas como docente.
Sus pupilos más destacados figuran en áreas distintas, desde economistas y científicos de datos del sector bancario estadounidense hasta futbolistas internacionales como Jesús Manuel “Tecatito” Corona.
“Un pupilo egresado de la secundaria era muy humilde, pero que muy bueno en clases, lo preparé en oratoria y llegó a segundo lugar nacional en el Castillo de Chapultepec”, relató, “él me contactó en diferentes momentos de su vida para pedir consejos sobre su rumbo profesional hasta graduarse de la Universidad de Manchester”.
Vicente Rivera, nombre del distinguido alumno, fue una de las personas que propuso al maestro como prospecto a ganar el “Premio ABC, aprendiendo en comunidad” por sus contribuciones a la enseñanza.
El maestro requería tres cartas de apoyo, así como un video manifestando su propósito de participar en la justa y, aunque en un inicio no tenía la convicción de participar, indicó que sus alumnos hicieron que se entusiasmara por el certamen.
La directora de biblioteca Fernando Pesqueira, Sofía Yolanda Rayas Solís, quien había atestiguado las iniciativas del profesor para fomentar la lectura en sus alumnos, así como un padre de familia fueron quienes entregaron las cartas; una alumna editó el video que se presentó al jurado.
“Al ver estas tres cartas hizo que dijera ‘ya gané’, todo lo bonito que expresan los padres de familia de uno, el que una persona de fuera de la escuela me reconociera en este foro donde llevo a mis alumnos, y que un ex alumno siga recordando mis enseñanzas es una experiencia magnífica”, sostuvo.
DE TODO UN POCO
Desde constituir una biblioteca de 2 mil libros en una semana exclusivamente con la iniciativa de sus 300 estudiantes hasta incentivar la creación de dos bandas musicales conformadas por el alumnado e incluso gestionar la creación de un anfiteatro, la labor del profesor continúa con fuerza en la general 6.
Tras casi medio siglo de enseñanza, la lección más valiosa que ha recibido como maestro fue más bien una reiteración de aquello que siempre supo como alumno: El ímpetu por la lectura es la base de un desempeño académico excepcional y depende del maestro propagar esa fuerza.
“La lectura es un virus”, reflexionó, “un buen virus”.
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