“Si me aman, cumplirán mis mandamientos…”.
Este domingo, el Señor en su Palabra nos propone varios temas de reflexión: en primer lugar está el tema acerca del Espíritu Santo que, en el evangelio, Jesús promete enviar a sus apóstoles, y que ellos, después de Pentecostés, transmiten por medio de la imposición de sus manos; en segundo lugar, la exhortación que el apóstol Pedro nos hace de dar razones de la esperanza (fe) a quien las pidiere; y, por último, el tema siempre importante sobre la imperiosa necesidad de demostrar el amor a Jesucristo cumpliendo sus mandamientos.
Comencemos destacando cómo Jesús promete a sus apóstoles enviarles al Espíritu Santo: “Yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad…”. Jesús le llama “Paráclito”, es decir, “Consolador o Abogado”. Este Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, cuyo advenimiento lo celebramos, litúrgicamente, el domingo de Pentecostés (dentro de quince días). Los apóstoles Pedro y Juan, en la primera lectura, transmiten el Espíritu Santo a los bautizados por medio del rito de la imposición de las manos. La Iglesia ha visto en este texto un fundamento claro del Sacramento de la Confirmación que los obispos, sucesores de los apóstoles, realizamos a través de la imposición de manos y la unción con el santo crisma.
El apóstol san Pedro, por otra parte, nos ofrece este domingo una bella exhortación; se trata de la disposición que todos los creyentes debemos tener para dar testimonio, de palabra y de obra, de Jesús resucitado: “Veneren en sus corazones a Cristo, el Señor, dispuestos siempre a dar, al que las pidiere, las razones de la esperanza de ustedes”. Se trata de dar razón de nuestra fe, se trata de demostrar, con argumentos convincentes, que nuestra fe en la persona de Jesucristo, tiene fundamento sólido. San Pedro nos recomienda que esto lo debemos hacer con sencillez y respeto.
Por último, nuestro Señor, en el evangelio, nos insiste en un tema muy tratado en el Nuevo Testamento y en la espiritualidad cristiana de todos los tiempos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos… El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama…”. El amor se demuestra con hechos, no sólo con palabras. Esta es una verdad muy clara y que, con frecuencia, olvidamos.
Le pedimos a Dios Padre, en la eucaristía dominical, que nuestro corazón sea un corazón dócil a la acción del Espíritu Santo; que siempre sepamos dar, a los demás, razón de nuestra fe; y que le demostremos a Jesús, su amado Hijo, que lo amamos, cumpliendo sus mandamientos. Así sea.
¡Que tengan un excelente domingo!
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