HERMOSILLO, Sonora.- Adán Tadeo González Gámez tiene casi 40 años como socorrista de Cruz Roja, y es tal el amor que le tiene a la institución que siente que por sus venas corren “crucecitas rojas”, en vez de glóbulos.
“Dicen que en la composición de la sangre tenemos glóbulos blancos y glóbulos rojos, yo digo que en lugar de glóbulos rojos en mi sangre hay crucecitas rojas”, bromeó González Gámez, de aproximadamente 54 años de edad.
Es muy difícil definir lo que siento por Cruz Roja, pero es como una necesidad, la necesidad de apoyar, de ayudar, es como si me dieran un medicamento todas las semanas”, dijo.
Fue a los 12 años de edad cuando el paramédico ingresó a la institución como parte del grupo de juventud, ya que su sueño desde niño era ser socorrista.
Conocer las ambulancias en ese momento fue para él todo un placer, describió, y desde entonces supo que estar ahí era su meta de vida.
“Yo tuve una mamá muy enfermiza, ya falleció, pero cuando yo estaba muy chico, de 10 años más o menos, llamaban mucho a la ambulancia en mi casa, y cuando veía que llegaban para mí eran como héroes.
Recuerdo que decía: ‘Yo un día quiero ser así’ e incluso cuando jugaba a los carritos con los niños de mi colonia yo siempre agarraba la ambulancia y decía que era socorrista”, recordó.
Con tan solo 14 años de edad y motivado por sus dos hermanos mayores, quienes ya formaban parte también de Cruz Roja, Adán Tadeo se pasó al área de ambulancias y comenzó a trabajar como parte del grupo de Socorros. Desde entonces, contó, ha sido testigo y parte de muchas historias conmovedoras.
Hoy en el Día Mundial de la Cruz Roja, Adán Tadeo pidió a todas las personas valorar la institución, pero sobre todo a los socorristas que forman parte de ella.
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NIÑO AGRADECE CON UN ABRAZO A SOCORRISTA
“Es el abrazo de un niño de las situaciones más conmovedoras que he vivido como parte de Cruz Roja”, contó Adán Tadeo González Gámez, con 40 años de servicio.
“¡Hijuela!, eso hará unos 10 años, pero esa situación me conmovió mucho, el hecho de decir cómo es posible que un niño de esa edad tenga tanto agradecimiento, porque el abrazo fue muy genuino, y yo estaba muy conmovido”, recordó.
Aunque socorristas, paramédicos y rescaistas son fuertes ante las emergencias no dejan de ser humanos.
“Algo que sí me sacó una lagrimita fue un día que fuimos a un choque frente al Centro de Gobierno, y recuerdo que cuando llegamos había una familia atrapada dentro de un vehículo, relató.
“Cuando empezaron a desarmar el carro para sacar a la familia, se dieron cuenta de que el niño (de 5 años) estaba atorado de su pie en el auto, y tenía mucho miedo”. Inmediatamente, agregó, empezaron a trabajar para liberarlo, mientras un socorrista platicaba con él para distraerlo.
Cuando tumbamos toda la puerta, logramos sacar el piecito y le quitamos el chaquetón; el niño, la primera reacción que tuvo fue abrazar a mi compañero y le dio las gracias. Vivir esos momentos, para Adán Tadeo se ha convertido en un “shot” de vida.
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