La música ha dejado de ser preponderante. Aunque se reconozca calidad y audacia en los nuevos compositores e intérpretes, el ritual de descubrimiento, búsqueda, captura y reproducción ha desaparecido. La inmediatez de esta era digital ha logrado lo que antes era imposible: en cuestión de música y canciones ahora lo tenemos todo, en todas partes, al mismo tiempo.
Es por eso que Guardianes de la Galaxia, Vol. 3 (James Gunn, 2013), al desarrollar un argumento entretenido, con personajes memorables y sin demasiadas fisuras, ha incorporado para su soundtrack la más honesta selección de rock y pop de los setentas y ochentas.
Así, Guardianes de la Galaxia, Vol. 3 vuelve a reivindicar, para esta y otras generaciones, la supremacía de aquellas melodías que gobernaban en tornamesas, casetes o CD hace treinta años.
Era el imperio de los sentidos y lo creímos eterno.
Además, es necesario considerar que es la última entrega de esta franquicia cinematográfica como la conocimos, por lo tanto, al asistir a Guardianes de la Galaxia, Vol 3, debemos prepararnos para gozar una cascada de emociones envueltas en humor, sorprendente dirección de arte, devastadoras revelaciones y, sobre todo, la mejor playlist de todo el Universo Marvel, ¡muere de envidia, Tarantino!
La tranquilidad de Knowhere es interrumpida por el poderoso Warlock (Will Poulter) quien ha venido por Rocket (voz de Bradley Cooper). Su propósito es entregarlo a El Gran Evolucionado (Chukwudi Iwuji), amo de una delirante compañía de experimentación genética.
Así, a pesar de que Star-Lord (Chris Pratt), Nebula (Karen Gillian), Drax (Dave Bautista), Mantis (Pom Klementieff) y Groot (voz de Vin Diesel) logran ahuyentar al sicario, Rocket ha quedado malherido, por lo que es preciso confrontar a su creador: El Gran Evolucionado.
El pasado de Rocket constituirá la piéce de resistence en Guardianes de la Galaxia, Vol. 3. A través de flashbacks conoceremos el doloroso trauma que ha acompañado al mapache en todo este tiempo y cuyo nudo gordiano ayuda a construir un emotivo discurso en favor de los derechos de los animales, su defensa contra experimentos y de la importancia de no dejarlos atrás.
Los espectadores podrán percibir como en Guardianes de la Galaxia, Vol. 3, la dimensión humana que se le ha otorgado a Rocket es tan lastimosa que el uso de Creep —ese blues grunge de los noventas— para describir la soledad del personaje resulta desgarradora y poética.
Guardianes de la Galaxia, Vol. 3 es una magnífica conclusión. Oda a los inadaptados, elegía animalera, pieza irreverente unida por el amor entre sus personajes —donde cada uno tendrá su momento para brillar— y un ferviente alegato por la dignidad de los animales, seres vivos que comparten con los humanos la inminente dignidad de la creación divina.
Qué leer antes o después de la función
La Isla del Dr. Moreau, de H.G. Wells. Publicada en 1896, este es el relato de un científico que, en nombre de la humanización y la evolución animal, realiza vivisecciones y otros experimentos que solo producen seres aberrantes y deformes. Algunos experimentos son fallidos, otros resultan prometedores.
Un relato escalofriante que anticipa un futuro monstruoso.
Lea el artículo completo aquí.



