HERMOSILLO, Sonora.- Desde los 13 años, motivado por los zapateros que veía a su edad, Lorencio Gaspar Valencia comenzó a arreglar zapatos, actividad que no ha dejado de hacer desde hace más de cinco décadas.
Ahora, a sus 66 años, recuerda que su interés por la zapatería empezó cuando era muy chico, pues al salir de la escuela primaria Uruchurtu, en Villa de Seris, veía a los zapateros trabajar.
Cuando salía de la escuela llegaba con un señor que arreglaba zapatos cerquita de la casa y me quedaba con él, me gustaba verlo, y ya tuve la oportunidad de entrar aquí y aquí me quedé”, explicó.
La afición de Lorencio por los zapatos nació espontáneamente y, aunque en un principio el trabajo era tan difícil que hasta le provocaba pesadillas, con el tiempo y la práctica sus habilidades comenzaron a desarrollarse.
Sala de Belleza para Calzado Carlos”, el taller donde ha trabajado toda su vida, ha permanecido activo por más de medio siglo e incluso ahora tiene mucha clientela de todas las edades, en parte gracias a los buenos comentarios que se difunden de boca en boca.
“Ponemos suelas, tacones, parches y zíper, atendemos todo lo que sea reparación”, señaló, “reparo maletas, mochilas y tenis forrados con tela”.
Y CON LA PANDEMIA…
No todo fueron momentos de satisfacción laboral, pues durante la crisis sanitaria del 2020, el taller ubicado sobre la avenida No Reelección, en el Centro, permaneció cerrado prácticamente por dos años. En estos días Lorencio recibe más de 20 zapatos para arreglar.
De sus hijos, ninguno quiso seguir sus pasos como zapatero y él mismo prefirió no persuadirlos para ello, pues prefirió que estudiaran una carrera ya que sintió que nunca tuvo tantas posibilidades al crecer como las tienen ahora las nuevas generaciones.
Lorencio ama su trabajo, no hay calzado que no sea su favorito y recalcó que si pudiera volver a nacer, repararía suelas y restauraría piel una vez más, pues incluso sin la necesidad de hacerlo, la zapatería lo llama a demostrar sus dotes.
Yo ya debería estar retirado porque estoy pensionado, pero aquí estoy, porque si dejas de luchar empiezas a morir”, comentó.
La dedicación que ha demostrado por el calzado durante 53 años es un testimonio de que hay personas destinadas a disfrutar su profesión, pues si no hay amor por el oficio, las cosas no podrán funcionar “ni con calzador”.
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