En agosto del 2022, inteligencia militar reportó una reunión inusual en la Tierra Caliente michoacana. Eran los días en que ocurrió una ruptura entre la organización autodenominada Cárteles Unidos y los remanentes de los Caballeros Templarios, organizaciones que tenían un acuerdo para impedir el ingreso a los municipios de Tepalcatepec, Apatzingán, Buenavista y la Huacana del llamado Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).
El informe catalogado como “secreto” daba cuenta de una conversación entre dos operadores de Cárteles Unidos, el logístico identificado como Marcos Méndez González, y el financiero llamado Alberto García Flores. Ambos referían que Anabel Bedolla Marín, tía de Alfredo Ramírez Bedolla, gobernador de Michoacán y militante de Morena, buscaba una reunión con Nicolás Sierra Santana, jefe de la banda “Los Viagras” y uno de los líderes de Cárteles Unidos. Dos meses antes su marido Adalberto Fructuoso Comparán Rodríguez, ex alcalde de Aguililla (2008-2011), había sido detenido en Guatemala y extraditado a Estados Unidos acusado de tráfico de drogas.
Sierra Santana ordenó que García Flores recibiera a la señora en un sitio identificado como “El Molino”, que son las instalaciones de la empresa Acopio de Cítricos de Apatzingán, administrada por Los Viagras, localizado en Buenavista. La reunión se llevó a cabo sin que los documentos registraran de qué se trató, si hubo alguna petición o mensaje por parte de la tía del Gobernador morenista.
Lo que resaltó tras aquella cita fue que García Flores comenzó a hablar, según los reportes, que provocarían un conflicto entre el CJNG y los Caballeros Templarios, la intención era que ambos aceleraran su desgaste. La decisión se había tomado en una reunión de la que no se precisa fecha entre Sierra Santana, líder de Los Viagras, y sus socios Juan José Farías Álvarez, conocido como “El Abuelo”, legendario capo de la Tierra Caliente michoacana y líder de Cárteles Unidos, y César Alejandro Sepúlveda Arellano, jefe de una banda en Tepalcatepec conocida como“los Blancos de Troya”.
Las balaceras, emboscadas y enfrentamientos provocaron que las columnas armadas de Cárteles Unidos se resguardaran en el área que circunda a Buenavista. Mandaron a negociar a sus contactos políticos para que las autoridades evitaran establecer una base de operaciones en La Ruana, y según los reportes intentarían influir en la comandancia de la 43 zona militar en Apatzingán.
Otro reporte fechado meses atrás señalaba que el CJNG había tomado posiciones fuera de Aguililla, buscaban incursionar en las comunidades del Terrero y Catalinas, en La Ruana. Uno de los operadores del CJNG en esa zona de Michoacán, decía que “ya habían enviado 20 kaibiles” sin que precisara si se trataba de ex integrantes del grupo de fuerzas especiales del Ejército guatemalteco, cuya presencia en la zona está documentada años atrás.
Los documentos obtenidos por el grupo de hackers Guacamaya, sirven como retrato de cómo la narcopolítica es clave para explicar la descomposición en Michoacán detrás de los conflictos armados, como el que ocurre en la Tierra Caliente y otras zonas del Estado, donde la paz social hace mucho que dejó de existir.
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