“La simplicidad es la máxima sofisticación”.
(Leonardo da Vinci)
Fui convocado, junto con otros amigos, a una reunión, donde nos encontramos con la creatividad, pasión, sencillez y el trabajo en equipo. Por supuesto, utilicé mi estrategia para observar, escuchar y preguntar acerca de lo preparado para la ocasión. Presencié esos momentos maravillosos en que los artistas, con su inteligencia genial y social, crean pequeñas obras de arte.
Observé a los artistas culinarios mezclar colores en la ensalada de frutas; el rojo vibrante de la salsa, que cubriría las ruedas de maíz suave y sabroso. También el blanco que se derramaría sobre dichas ruedas, y el sabor intenso de la cebolla. Todo coronado con el adorno majestuoso de las hojas del maíz sobre la masa, además de otros elementos que se agregan para entregar un sabor único.
Cada artista danzaba con maestría, para brindar lo mejor de sí en la creación, que todos aguardábamos con impaciencia para disfrutarla. El tiempo transcurría y parecía que las manecillas del reloj no corrían, se desplazaban lentamente en torno a su obra, como esperando que madurase. Mientras tanto, los comensales nos dedicamos a charlar sobre diversos temas de interés. Fue hermoso apreciar que los teléfonos inteligentes pasaron a segundo término, y nos permitieron escuchar el murmullo de las voces, el canto de las palomas y el vuelo cercano de los cuervos, incluso pudimos sentir su aleteo cerca de nosotros. El perro y el gato correteaban sin alcanzarse.
Llegó el momento del entremés, con el adorno de frituras y la bebida refrescante. Por un momento eso distrajo la atención de los comensales, y así los artistas concluyeron su obra. Cuánto detalle, secreto y pasión en los platillos preparados. Recuerdo esta frase: “La simplicidad es la máxima sofisticación”, de Leonardo da Vinci, un conocedor de este quehacer.
Observar la preparación de los platillos, con la fascinación de los artistas, es un regalo invaluable, porque en ello entregan plenamente el corazón. El entorno nos envolvía con un viento fresco, el baile de los árboles y la cortina que nos cubría de los rayos del sol.
Uno de los artistas tomó la iniciativa, y nos invitó a comenzar con el disfrute pleno de las obras de arte realizadas exprofeso. Los comensales, obedientes, dispusimos los sentidos para saborear las viandas. Poco a poco cada uno expresaba lo que experimentaba y agradecía ese encuentro y detalles, para grabar en su propio lienzo la experiencia de ser con esas obras de arte.
Después de disfrutar de todo aquello, puesto para nosotros, apareció el néctar de los dioses, el café, acompañado con un pan de plátano y nueces. Una delicia tras otra, imposible olvidar ese momento aderezado con la buena charla. Me ausenté por unos minutos, y cuando volví algunos comensales emprendían el regreso a su lugar de origen. Agradezco esos momentos tan sencillos y significativos a la vez.
Estos artistas tienen las recetas en sus manos, y ponen el corazón en la preparación y los detalles que los aderezan. La primavera inicia con destellos de pasión, amor, fe renovada y esperanza en la calidad de relaciones interpersonales nutricias.
Quiero compartir esta frase de Leonardo da Vinci: “… sí como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada produce una dulce muerte.” Agradecido por ser parte de esa obra de arte y todos sus participantes.
Por un mundo de confianza y esperanza.
Buen fin de semana…
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