Hace un año, en el programa de radio de Aarón Tapia, me tocó lamentablemente señalar que estábamos en guerra, así es, como comentarista en medios, como analista, como mexicano, me tocó señalar con contundencia que el mundo nuevamente se encontraba en riesgo, que Rusia había invadido a Ucrania y que se habían desatado las hostilidades bélicas.
Guerra pues, en aquella parte del mundo, con terribles consecuencias para todos, no lo sabíamos, pero suponíamos que sería pronto, que la victoria de Rusia, ese titán militar acabaría con todo en unos cuantos días, pero de pronto surgió la figura de un gran líder, un hombre que difícilmente puede ganar, pero que pone la cara y seduce al mundo.
Zelenski es un símbolo y lo será por siempre de resistencia, de un país que se sabe débil frente a su agresor, el horror y la tragedia de la guerra la asume este pueblo ucraniano, pero su líder no ha escapado, está en el campo de batalla, está arengando a sus tropas.
Europa acuerpa a Ucrania, pero sabe que no puede contra Rusia, que no puede con China, que no puede con las nuevas potencias militares, que el mundo no es capaz de superar una tercera guerra mundial.
Mientras tanto un año de muerte, destrucción, hambre, miedo, vida y sueños. Sueños que no van a cumplirse, vida que se destruye con metralla, con cañones, con balas.
Europa huele a guerra, el fantasma parecía que había desaparecido, pero como un monstruo infernal salta de nuevo, para desgarrarnos con toda su furia, con toda su sangre y con todo su dolor, donde más duele, en la crueldad del hombre contra el hombre.
Somos lobos, sí, lo somos y nos mordemos. Zelenski a pesar de todo, ya se ha ganado un lugar en la historia universal. Putin es y será un villano, Zelenski un héroe que inspirará a futuras generaciones. Mientras tanto la guerra sigue.
A un año, el mundo sabe que Ucrania no puede ganar, Rusia sabe que puede aguantar años y años, matando, cometiendo cualquier cantidad de crímenes.
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