“No es lo mismo que tu esposa te mienta, a que te engañe”, señala de forma provocadora, Xavier Domínguez, uno de los especialistas en comunicación política más destacados a nivel continental.
Considera Xavier, que todos mentimos, que todos para poder convivir y bien vivir nos vemos en la necesidad de mentir, señalar virtudes en otros que no tienen, aceptar halagos y regalos con gusto, cuando en verdad nos disgustan, permanecer en lugares en los que no deseamos estar. En fin, una serie de actos, hechos y palabras que son mentiras, para poder socializar, para poder armonizar, para evitar el conflicto e incluso para poder convencer y seducir.
Así las campañas políticas y los políticos viven en un mundo de mentiras, durante sus ofertas para obtener el voto, hacen una gran cantidad de ofertas que ellos y nosotros sabemos son imposibles de cumplir, nos mienten a cada momento de las campañas, lo sabemos, ellos lo saben y parece que lo aceptamos.
Cuando los políticos llegan al poder siguen las mentiras, como ciudadanos en cualquier país, necesitamos escuchar a los dirigentes hablarnos más con esperanza, sin embargo, no necesariamente deseamos escuchar la verdad, todo lo contrario, para poder estar en paz, para poder estar tranquilos, pareciera que nuestro deseo es que se nos mienta constantemente. Quizá por eso no es relevante que nuestro Presidente mienta constantemente, puede ser que así lo deseamos para vivir en santa paz.
Pero hay un límite, hay un punto el cual ya no es aceptable, ese punto es cuando deja de ser mentira para convertirse en un engaño, una cosa es escuchar algo falso que sabemos que es falso, pero nos gusta que se nos diga y otra cosa muy distinta es que se invente todo un plan para escondernos un hecho, un acto, un acontecimiento, en pocas palabras que se nos quiera ver la cara de inocentes.
El engaño tiene que ver con la construcción de alternativas para escondernos, realidades. Es en ese esfuerzo adicional, en querernos esconder cosas, quizá si se nos mintiera de frente no importaría, es entonces que el enojo se presenta y el desencanto puede tener consecuencias.
El Presidente puede mentir y lo sabemos, no pasa mucho y las cosas siguen su rumbo. Pero cuando una ministra que se supone construyó su vida profesional con esfuerzo, dedicación y ética profesional, es descubierta en el engaño, entonces es difícil de entender y posiblemente perdonar.
Todo indica que podemos soportar la mentira, pero no el engaño. En este caso en particular sobre el supuesto plagio de la ministra, Esquivel, alguien miente y alguien engaña.
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