La rapidez ha marcado la historia. Desde un principio sobrevivieron los cazadores más rápidos, en las invasiones solían ganar los primeros que atacaban y el arma más expedita y efectiva siempre la tuvo el bando victorioso. Hubo una competencia para llegar a la luna, para la vacuna contra el Covid y todos los días se pelea para ser la primera opción en Google.
Hoy en día, por primera vez en la historia, conviven tres generaciones en el mundo editorial marcadas por la rapidez. Los primeros que crecieron leyendo exclusivamente libros y revistas impresas, esperan sin prisa las novedades en sus librerías. El segundo grupo combina material impreso y electrónico, siguen comprando ejemplares físicos y descargan libros de vez en cuando. El tercer grupo solo lee en digital, sumándose a la ola de suscripciones para tener contenido personalizado.
¿Para qué esperar una semana o un mes que salga tu revista favorita si tienes el contenido disponible en la página web?, se preguntan los más jóvenes. Es más, ¿para qué escribir en Whatsapp si puedo enviar un mensaje de voz con mayor rapidez?, aseguran. Cuando quieres compartir rápidamente un artículo en Twitter sin leerlo, la misma plataforma te pregunta: ¿te gustaría revisarlo? El algoritmo se está convirtiendo en nuestra conciencia.
La generación que ronda entre los 18 y 25 años, no busca la revista impresa, el suplemento o la sección cultural física porque no la necesitan. Tienen acceso a esa información en la palma de su mano, sin tener que salir de casa y sin gastar. Al mismo tiempo aún quedamos los de la vieja guardia, aquellos que conservamos las publicaciones impresas porque sabemos que gran parte de su contenido nunca estarán en libros. En resumen, a pesar de las marcadas tendencias, aún hay público para todo.
Pero aunque la rapidez y accesibilidad juegan un papel relevante entre generaciones, lo que tienen en común es que todos buscamos noticias nuevas, entretenimiento o conocimiento en soportes distintos. El libro ha sobrevivido a las revoluciones de todos los países, a la censura de todas las ideologías, a la llegada del cine y de la radio. ¿Por qué no sobreviviría a las redes sociales?
La cultura del libro impreso es tan fuerte que, como ejemplo, todos los influencers buscan publicar uno, presentarlo en persona y firmar ejemplares. Traer un libro físico en la mano nunca se comparará con la sensación de traer el Kindle bajo el brazo con cientos de libros. Tal vez por eso los e-books y audio libros no han tenido el impacto que se esperaba.
Estoy convencido de que las nuevas generaciones leen más que las anteriores, pero su lectura es breve, no profundizan ni asimilan lo que leen. Muchos caen en la trampa de la lectura rápida, contando las palabras que leen por minuto y presumiendo los libros que terminan cada mes.
Hace poco entré a Tiktok y grabé algunos videos sabiendo que la atención de un individuo dura tres segundos. Si en ese lapso de tiempo no le llamó la atención tu video, busca otro. ¿La generación actual necesita tres segundos para acercarse a un libro? ¿Basta leer en un minuto el resumen en Wikipedia para comprender el sentido de la obra? Claro que no. La lectura va más allá. El eterno reto principal para los más jóvenes es entender que la rapidez no lo es todo.
La importancia de la lectura no radica solamente en la información que se lee, sino que su actividad está relacionada a la comprensión, a estar en contacto con las ideas de alguien más y a pasar tiempo contigo mismo mientras lo practicas. La lectura va ligada a la paciencia, al paso del tiempo, a la madurez. A todos nos ha pasado que leemos un verso o una frase y nos sentimos conmovidos al instante, pero recordemos que aunque una sensación es inmediata, la comprensión requiere tiempo.
La rapidez ha ganado imperios, riquezas y territorios, pero siempre perderá ante la lectura.
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