Para festejar la lucha y vida de los niños con cáncer, el albergue Luis Aarón realizó un festejo para menores con esta enfermedad, y sus familias, donde pudieron disfrutar de pizza, dulces y juguetes.
Verónica Sánchez Ortega, directora general de la institución, dijo sentirse muy contenta de realizar este festejo, en el marco del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer Infantil, ya que los niños, aunque estén enfermos, jamás dejan de ser pequeños, y tener la ilusión de un festejo.
La también mamá de un menor que pereció por este padecimiento, celebró que este año entra en vigor el programa de Sedesson “Cuidar a Quienes Cuidan”, donde madres, padres, y tutores de niños con cáncer se van a ver beneficiados.
Esta es una noticia trascendental, un antes y un después, porque nunca antes lo habíamos visto”, expresó, “ya el convenio está firmado, y nuestros niños con cáncer y sus familias se van a ver beneficiados.
“A través de este programa, cada familia de un niño con cáncer va a recibir un apoyo mensual, que aunque no nos han dicho de cuanto es, la verdad es que todo suma, y esto les va a servir para comer algo en el hospital, para tratamientos, incluso para una recarga telefónica, o trasladarse a su lugar de origen”, continuó.
Verónica Sánchez hizo hincapié en que el cáncer infantil no es un padecimiento fácil de sobrellevar, y afecta, entre muchas cosas, la economía de las familias, por la compra de medicamentos, traslados constantes al hospital, y en ocasiones, la dificultad para sostener un trabajo.
Por eso, un apoyo económico es de suma importancia para todos los que sobrellevan esta enfermedad, tanto en la calidad de vida de los pacientes, como en la seguridad de sus familias.
Una lucha de toda la vida
Monserrat Valenzuela fue diagnosticada con un neuroblastoma en la columna desde los 3 meses de edad, y hasta el día de hoy, con seis años de vida, sigue en remisión, con revisiones cada seis meses, para asegurarse que el cáncer no ha vuelto a su cuerpo.
A pesar de ser una sobreviviente de esta enfermedad, las quimioterapias a temprana edad, las cirugías que recibió, y las altas cantidades de medicamentos dejaron secuelas importantes en su cuerpo, pero jamás borraron su sonrisa, y alegría por vivir la vida.
Mi hija tuvo un neuroblastoma en la columna, que le diagnosticaron desde los tres meses de edad”, relató su madre, Luz Evelia González, “yo me di cuenta de que algo estaba mal porque dejo de mover su pie, de hecho hasta la fecha requiere una férula para caminar.
“En ese momento la verdad lo último que pensé que iba a ser era cáncer, pero la lleve con el doctor porque se le empezó a hinchar el talón, y el pediatra ya nos pidió hacerle estudios”, recordó.
Durante un mes, Monserrat visitó diferentes médicos, ortopedistas y neurólogos, hasta que se dieron cuenta de que el mal que atacaba a la pequeña, se encontraba en su columna.
Cuando a Luz Evelia le dijeron que el padecimiento de la pequeña era cáncer, dijo sentir que el mundo se le venía encima, y la ahogaba por completo, sobre todo porque los especialistas no le daban muchas esperanzas de vida.
Se me vino el mundo encima, un peso horrible en los hombros, porque los doctores me dijeron, señora su hija no va a resistir, y me explicaron que era muy riesgoso darle quimioterapias antes de los seis meses”, dijo.
En contra de todo diagnóstico, Monserrat logró resistir todas las quimioterapias con una fuerza increíble, y pudo tocar campana al año dos meses de vida.

Todavía quedan retos muy grandes después de enfrentar la enfermedad
Y aunque esta pesadilla ya acabó, la enfermedad le dejó a Monserrat una serie de retos muy grandes para su vida, como no poder controlar sus esfínteres, tener problemas de equilibrio, dificultad para caminar, o incluso fuertes dolores en sus piernas y espalda.
Los médicos le han dicho a Luz Evelia que no hay nada más que hacer para su hija, por la severidad de sus afectaciones, pero ella sabe que Monserrat puede romper cualquier expectativa, y vencer todos los retos que se le presentan.
A ella le quedaron secuelas importantes, no tiene control de sus esfínteres, sus riñones están dañados, porque como ella no siente para hacer pipi, su vejiga está demasiado dilatada y sus uretras están dañada.
“Esto es algo con que ella tiene que vivir, ella va a usar pañal toda la vida, férula para caminar, y los médicos han dicho que no hay ya nada más que hacer, pero no lo creo, porque ella es verdaderamente muy fuerte”, dijo convencida.
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Para Luz, ver que Monse es una niña feliz, contenta y con tantos sueños, le da la fuerza para seguir luchando por opciones y oportunidades para ella.
Aseguró que jamás dejará de tocar las puertas que hagan falta para lograrlo, y que alguien le dé un tratamiento que le permita vivir una vida normal, como la de cualquier otro pequeño.
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